La culpa

La paciente abandona la consulta con el miedo a las espaldas y la mochila de la culpabilidad cargada hasta los topes. (¡Doctor, tengo miedo!. Sol del Val)
Toda la teorización oficial sobre la migraña señala al padeciente como único culpable de su infierno. Sus genes llevan el estigma migrañoso y sus hábitos, su modo de ser, lo que come, lo que no come, lo que duerme o deja de dormir, desencadenan las crisis.
El sonsonete de los genes y desencadenantes aparece, indesmayable, por todos los foros y publicaciones. El migrañoso reside en un organismo regido por un cerebro hiperexcitable al que se le disparan los programas defensivos (dolor, intolerancia digestiva y sensorial, reclusión en el refugio) con cualquier circunstancia por muy irrelevante que sea: cambio de tiempo, alimentos, estreses, hambre, frío, calor, luz, olores, fin de semana…
Con un cerebro así uno está obligado a coger los hábitos de la santidad cotidiana si quiere encontrar un mínimo sosiego… pero al cerebro migrañoso no le basta la ejemplaridad. La condición hiperexcitable puede con todo… incluso con los fármacos.
Antidepresivos, anticomiciales, betabloqueantes, antagonistas del calcio… sólo ofrecen un modesto alivio añadido al que presta el placebo.
El fiasco terapéutico exige responsables. Los neurólogos se reúnen para dar con las claves del fracaso. Ellos hacen las cosas aceptablemente pero “los otros”, los padecientes y los médicos de atención primaria, no están a la altura. No siguen los cánones, los protocolos, o andan a su bola con los calmantes, se automedican.
El panorama es desolador pero todo iría mejor, sostienen los neurólogos, si se les hiciera caso, si los de atención primaria siguieran sus recomendaciones, si “la población” tuviera más información… oficial.
Es de suponer que los neurólogos expertos en migraña son los mejor informados en teoría oficial y los que mejor manejan los protocolos. Eso no les libra de ser el sector de “la población” con el índice más alto de incidencia de migraña. Algo no hacen bien. Los expertos son también padecientes, luego culpables.
Ser migrañoso y a la vez culpable es una carga difícil de sobrellevar. No cabe cuestionar a la Ciencia. El mal está en uno. Si no son los hábitos son los genes o “el modo de ser”, de afrontar la vida…
La Medicina no es Ciencia en estado puro. Contiene también cultura y mercado. La Ciencia ya se encarga de cuestionarse a sí misma pero dejamos a la cultura y al mercado que anden a sus anchas. Todo vale si puede “funcionar”, aliviar, aunque sea por efecto placebo.
– La culpa no es suya. Es la cultura, la información, el mercado…
– No estoy de acuerdo. Algo tengo.
El padeciente que se resiste a librarse de la culpa empieza a ser realmente culpable…
– Está usted libre. Puede salir de la cárcel… Hemos revisado el caso y hemos visto que no había motivos para encarcelarlo…
– No estoy de acuerdo. Algo habré hecho para estar aquí… Ustedes, que son los carceleros, debieran saberlo…
El pájaro se niega a salir de la jaula, le da miedo…
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