Arturo Goicoechea

¿Dolemos porque estamos preocupados o estamos preocupados porque dolemos?

Arturo Goicoechea · · Actualizado:

William James suscitó una vez más la inagotable cuestión del huevo y la gallina al hacerse la pregunta: “¿lloramos porque estamos tristes o estamos tristes porque lloramos”?

El niño William había sufrido un desmayo viendo cómo recogían sangre en un cubo en la matanza de un cerdo y ese suceso le había sorprendido. Algo en su organismo se había revuelto ante la visión de la sangre y aunque el pequeño William no era consciente de ese rechazo y estaba interesado en observarlo todo, su organismo impuso la ley del estado emocional de miedo, activó la reacción de huída y como el niño no huyó la sangre quedó estancada en las extremidades inferiores provocando la caída tensional y la pérdida de conciencia. 

La cuestión del huevo y la gallina en los estados emocionales sigue viva: ¿primero el organismo se emociona, sentimos ese estado emocional somático y procedemos a evaluarlo para dar curso a una respuesta… o primero está la evaluación reflexiva y luego aparece la expresión emocional somática de lo que hemos estado barruntando? 

Considerando el dolor como la expresión de un estado emocional somático de temor a la necrosis proyectado hacia la consciencia podemos parafrasear la frase de James:

¿ “Dolemos porque estamos preocupados o estamos preocupados porque dolemos” ?  

Hay algo en la pregunta que no funciona. Es el verbo:   “dolemos”…

Sólo suena correcto si lo sustituimos por “nos duele”…

En el lenguaje real los padecientes sostienen:

– No me duele (ello, lo que sea) porque esté (YO) preocupado. Estoy preocupado (YO) porque (ello, lo que sea) me duele.

Poniendo lágrimas en vez de dolor quedaría:

– No me llora (ello, lo que sea) porque esté (YO) triste. Estoy triste (YO) porque (ello, lo que sea) me llora.

Las lágrimas y el dolor son acciones somáticas que pueden ser inducidas por estímulos adecuados como la cebolla o un golpe y también lo son cuando expresan un estado evaluativo somático respecto a determinados contextos.

En la cuestión del huevo y la gallina subyace, como siempre, el dualismo, la inevitable sensación de estar constituidos por dos componentes, el somático (físico) y el sintiente (psíquico).

El organismo es uno aunque contenga muchas capas evolutivas, filogenéticas,  neuronales, integradas. 

Integrar no quiere decir compartir objetivos y evaluaciones. En el organismo cohabitan varios sistemas evaluativos. Cada uno va a lo suyo y está sometido a una jerarquía continuamente variable, según contextos y aprendizaje.

La red neuronal forma parte del organismo. Su conectividad está fuertemente condicionada al aprendizaje y éste lo está respecto a la cultura en la que se produce.

“Duelo (mi organismo me activa la percepción de dolor) porque mi organismo evalúa peligro necrótico…”

Para mis convicciones sobre biología del dolor me suena bien. Al padeciente… para todos los gustos…

– YO no soy el que se pone el dolor… Me duele… Me preocupa porque me hace sufrir y me hace pensar en que algo tiene que haber que lo explique…

– No confunda YO con ELLO, su organismo. YO es sólo un estado funcional de la consciencia y la consciencia … bueno…la consciencia es un misterio… neuronal… perdón… del organismo… y su historia como especie y como individuo… social…

– ¿?

– ¿?…

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