Arturo Goicoechea

¿Consulta?

Arturo Goicoechea · · Actualizado:

El padeciente acude a consultar sobre origen y remedio de su sufrimiento.

El único que conoce el dolor es quien lo sufre. El médico debe escuchar y respetar el relato del único testigo de los hechos. 

Además de interesarme por los parámetros del dolor: su localización, carácter, frecuencia, intensidad, persistencia, posible dependencia de contextos y desencadenantes y modo de afrontamiento (calmantes, suspensión de actividad) necesito saber las reflexiones a que da lugar: su origen y porvenir, su relevancia.

Una vez me hago una idea de lo que sufre el padeciente y despejadas las dudas sobre posible daño en la zona dolorida inicio el proceso de explicar el sentido y propósito del dolor.

Muchos padecientes escuchan con atención. Al fin y al cabo han venido a eso, “a consultar”.

A otros se les ve pronto que no están a lo que están. Siguen en el relato de lo ya relatado.

– No está escuchando…

– Sí doctor…

– Acaba de hacerme una pregunta. Intentaba responderla pero me ha interrumpido para decirme algo que ya me había dicho… ¿Cuál era la pregunta y qué le estaba contestando?

– No me acuerdo… Mi memoria me falla… No consigo concentrarme…

– Su memoria le pierde… No le deja atender… Le recuerda constantemente su sufrimiento… Un poco de olvido le vendría bien.

La “falta de concentración” es, en realidad, lo contrario: un exceso, un monopolio, un uso exclusivo de recursos de atención hacia el relato inacabable de lo sufrido. 

El padeciente está atrapado en el monólogo de su cerebro. Rumia obsesivamente la papilla de la queja. Está fuera de la consulta…

– Debiera interesarse por asimilar lo que trato de explicarle. Usted conoce el dolor pero no sabe nada sobre su origen, su significado, su posible solución, el modo de afrontarlo… Está profundamente equivocada y es importante que sea consciente de ello.

Un error fundamental del padeciente es el de creer que el que mejor conoce el origen del dolor es quien lo sufre. 

El padeciente es, ciertamente, el único y mejor conocedor de lo que sufre, pero, probablemente es el más equivocado a la hora de interpretar su origen, lo que sucede allí donde duele. Reconocerlo es importante. 

Cuando se consigue un germen de comprensión de lo que se expone, algunos padecientes dan por finalizado el proceso. 

– Entiendo pero ¿cómo hago para decirle a mi cerebro que no me duele?

– Lo ha malentendido. Olvídese de las soluciones y escuche…

– No, si ya le he entendido pero YO…

Conseguir que la consulta sea una consulta no es fácil. El padeciente está instruido en el patrón de la consulta-tienda:

– ¿Qué desea?

– Déme algo para el dolor. Algo más fuerte que lo que me dio la otra vez.

– Nos han llegado estas pastillas nuevas. Son algo caras pero son muy buenas…

El consultado tampoco hace ascos, por lo que parece, al rol de tendero.

Podríamos situar las consultas del dolor en el mercado, junto a los puestos de verduras, pescado, carnes…

– Póngame algo para el dolor de cabeza… 

Realmente eso ya sucede en las farmacias y parafarmacias. No queda claro cuál es el papel del médico.

¿Consulte a su médico? ¿Para qué? ¿Para que le recete? ¿Para que le explique? ¿Va a escucharle? 

– Escuche…

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