Relájale... no respires hondo...

– Relájate… Respira hondo…
Hay muchas situaciones en las que el organismo nos pone en apuros pues valora amenaza en el momento y lugar más inopinados y enciende, sin consultarnos, programas defensivos en escenarios absolutamente inofensivos.
Los estados emocionales somáticos tienen su expresión hacia el grupo.
– ¿Qué te pasa? Tienes mala cara…
– No sé… parece que me voy a marear…
– Tranquilo…Respira hondo…
No conozco ninguna situación que justifique el consejo de respirar hondo salvo aquellas en las que necesitamos poner o quitar tierra de por medio y precisamos de todo el oxígeno posible (salvar el pellejo o coger un autobús que se nos escapa):
– Respira hondo. Se está quemando la casa… vas a perder el autobús…
Sólo hay tres posibles propuestas razonables ante el encendido del programa de salvar el pellejo.
1) - Agítate… Huye de aquí… Sal corriendo…
En muchas ocasiones nuestro cerebro ancestral, el de los tiempos de la sabana, valora absurdamente amenaza y enciende el programa que nos capacita para huir y/o luchar. La prestación del programa es la de proveer a los músculos inmediatamente de la mayor energía posible: sangre con glucosa y oxígeno.
El cerebro social no siempre va de la mano del biológico. Mientras se encienden los motores de la huída uno puede estar estático en una cafetería, un hospital, la iglesia o sentado en una comida de grupo…
El programa de salir pitando redistribuye la sangre dirigiéndola a los músculos mientras la retira de aparato digestivo (“corte de digestión”) y piel (“estás pálido…”). Los apetitos se vienen abajo y en la conciencia sólo hay sitio para nubarrones, malos presagios…
Unas gotitas de sudor frío presagian lo peor… El organismo ha previsto aumento de la temperatura por la carrera y libera el sudor para eliminar calorías…
La respiración ya está por encima de lo que la situación estática requiere. El programa incluye hiperventilación, respiración honda… Si hacemos caso al bienintencionado consejero de la respiración honda estamos perdidos. Ya el anhidrido carbónico, un estimulante de la circulación cerebral, anda por los suelos pues la hiperventilación, en ausencia de actividad muscular (generadora de anhidrido carbónico) lo rebaja. Un golpecito de más ventilación supone el golpe de gracia.
Necesitamos coherencia entre los distintos cerebros que nos conforman. Si el cerebro biológico activa la huída una buena idea (desde la biología) sería la de salir huyendo pero… socialmente sería inapropiada.
Este consejo no resulta. Nadie nos va a hacer caso y va a salir huyendo de la iglesia…
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- Túmbate.
Es un buen consejo para evitar el desplome. La sangre estancada en los músculos vuelve por la gravedad al circuito y aporta oxígeno y glucosa a un cerebro necesitado.
Se salva de momento la situación pero el cerebro reportero toma nota del escenario evaluado como peligroso y lo etiqueta como amenazante dejando todo facilitado para un nuevo encendido en el futuro.
El consejo es pan para hoy y hambre para mañana…
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- Relájale. Dile a tu cerebro que apague el programa de huir, que estás con unos amigos hablando, que allí no hay leones ni fuego ni se te escapa el autobús. Que devuelva la sangre a su sitio, sosiegue la respiración, contraiga las arteriolas de los músculos para evitar que siga acumulándose sangre. En vez de tumbarte puedes contraer vigorosa y discretamente la musculatura de extremidades inferiores para devolver la sangre al corazón ya que lo de tumbarse es un número.
Los desmayos están a la orden del día. Los médicos echan la culpa al calor, el estrés, las bebidas frías o… a las “bajadas de tensión” un extraño fenómeno generado espontáneamente en cafeterías, iglesias, aulas escolares…
La “bajada de tensión” se produce cuando el programa de huir ha preparado todo para que se contraigan los músculos eficazmente y estos no obedecen. La sangre estancada en las extremidades inferiores deja sin sangre (presión) el circuito. Al inicio del programa hay aumento de presión. Sólo la falta de colaboración del individuo estático hace que descienda la presión.
– Se ha quedado sin tensión por desatender a su cerebro. Había previsto la huida y usted seguía de pie, tan tranquilo, hablando con los amigos…
Sería deseable que los cerebros de uno fueran de la mano, coordinados. Evitaríamos muchas penurias y percances.
Los animales sólo se desmayan cuando en plena situación de huida se saben, de repente, acorralados, sin escapatoria. Los músculos rebosantes de sangre se paralizan y la sangre pierde presión haciendo que no llegue al cerebro. Tienen una “bajada de tensión”…
El individuo acorralado por su propio cerebro, empeñado en provocar una huida socialmente inapropiada, se desploma cuando no encuentra la salida a la situación…
Tuve la fortuna de encontrar un artículo de un Psiquiatra: Engel, el creador del “modelo biopsicosocial”. En él hablaba del programa de lucha-huida y del animal acorralado. Era la primera noticia que tuve de la existencia de ese programa biológico tan fundamental. Se me encendieron las luces y vi la explicación razonable para los desmayos.
Ni profesionales ni ciudadanos tienen noticia de ese ni ningún otro programa. El organismo no tiene neuronas ni historia.
– Su cerebro le ha hecho una faena…
– ¿No hay nada para que no le vuelva a dar…?
– Coherencia entre los cerebros…
– No me convence…
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