Evidencias...

Me confieso analfabeto en metodología de la evidencia. Mi incapacidad para leer un texto en esta materia es similar a la de un lego en solfeo ante una partitura.
Recientemente Hrobjartson y Getzsche, expertos del Nordic Cochrane Center, han publicado un voluminoso dossier en el que analizan el efecto placebo en todas las condiciones clínicas posibles y concluyen que no encuentran un efecto clínicamente relevante. Sólo salvan un moderado optimismo en la evaluación referida por el paciente, especialmente en dolor.
Ya llueve sobre mojado. El dossier completa los previos de 2001 y 2004 sobre la materia. H y G son los paladines de la lucha contra el “poderoso efecto placebo” o, quizás, se limitan a analizar críticamente el escaso rigor metodológico de los trabajos que lo proclaman. No tengo capacidad para juzgarlos.
El metaanalisis estudia críticamente aquellos trabajos en los que se comparan grupos de pacientes no tratados con los tratados con placebo y el tratamiento a prueba. Por ejemplo: pastilla de azúcar, no pastilla y pastilla con analgésico; acupuntura en puntos no significativos, no acupuntura y acupuntura en los sitios significativos (según los chinos). Según H y G dar una pastilla de azúcar no añade nada a la nada. La expectativa no funciona. Sólo existe, cuando existe, la eficacia de la acción terapéutica real. La fe no mueve montañas…
Otro extenso trabajo de revisión de The Cochrane Collaboration analiza los trabajos sobre eficacia de la acupuntura como tratamiento preventivo en la migraña. La compara con los tratamientos preventivos farmacológicos y la acupuntura simulada (aplicación de las agujas a poca profundidad y en puntos “no chinos”).
El resultado de la revisión sobre acupuntura y migraña es fascinante:
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La acupuntura es más eficaz para prevenir crisis de migraña que los fármacos y tiene menos efectos secundarios.
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No hay diferencia entre la acupuntura “china” y la simulada.
Si no entiendo mal es más eficaz acudir a cualquier lugar donde le acupunturen a uno la piel en puntos al azar (por ejemplo, jugándoselos a “los chinos”) que tomarse los fármacos del neurólogo…
Es sorprendente que, a estas alturas del siglo XXI, con todo lo investigado sobre placebo, anden todavía los placebistas y antiplacebistas discutiendo sobre la relevancia de las expectativas, condicionamientos y creencias en el contenido de la percepción somática.
Sabemos, a Ciencia Cierta, que el cerebro, a través de condicionamientos, expectativas y creencias modula el estado del sistema nociceptivo, desde los nociceptores periféricos hasta las zonas cerebrales que generan la cualidad perceptiva del dolor y la proyectan allí donde se evalúa amenaza.
Los trabajos revisados no hacen ninguna mención a las expectativas y creencias de los pacientes investigados. Consideran multitud de parámetros y aplican poderosas lupas críticas al epígrafe de material y métodos pero les trae sin cuidado lo que piensan y esperan los pacientes.
Llevo ya más de diez años analizando el impacto de creencias y expectativas sobre la percepción somática. En el tema del dolor todas las culturas, aparentemente diversas en su atribución de causas y promesa de remedios, comparten el mismo núcleo de ignorancia, cuando no desprecio, sobre el papel de la red neuronal.
Independientemente de lo que mejoren los síntomas con las terapias investigadas, los placebos o el tiempo (regresión a la media) hay cosas que hoy día sabemos son ciertas y falsas.
Sabemos que las creencias y expectativas funcionan. El problema no es si hay que aceptarlo o no sino de decidirnos a librar una batalla rigurosa contra la impostura intelectual y la información sesgada.
El ciudadano tiene derecho a la información.
La información sobre Biología del dolor no existe. En su lugar está esa enorme y disparatada Torre de Babel de la publicidad interesada.
El informe de de H y G será bien recibido por muchos. Desacreditar el efecto placebo es productivo.
Si no lo veo no lo creo, sostienen H y G.
No se puede ver lo que no se ha mirado.
Si no se miran las creencias y expectativas no se ven y si no se ven no se cree en ellas.
En las 451 páginas del informe de H y G no hay ninguna palabra dedicada a creencias de los investigados. Es evidente que no las habían mirado…
Elemental… querido Watson…
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