La ley del todo o nada
Tenemos cierta tendencia a digitalizar la realidad, clasificarla en sí o no, blanco o negro, cero o uno. Esta tendencia se expresa también en la ley del todo o nada aplicada a las respuestas de las neuronas.
Nos han contado que las neuronas reciben en sus terminales estímulos que generan pequeñas corrientes locales, que estas pequeñas señales eléctricas son sumadas en tiempo y espacio y que sólo si la suma supera una cifra, un límite o umbral, se dispara el llamado potencial de acción, la señal integrada que se transmite inmodificada a lo largo del cable (axon) hasta otra conexión.
La neurona pone precio a su excitación como lo hace una máquina de refrescos. Si las monedas no llegan al precio exigido no hay respuesta.
En el modelo se da a entender que la máquina se queda con las monedas y que en cada intento debe partirse de cero. Si los céntimos de cada solicitud son insuficientes, se convierten en nada: 0,95=0,00. No hay refresco.
Realmente no es así. Los céntimos son algo. Según las circunstancias, el precio (umbral) de la activación neuronal cambia y aunque un primer intento con monedas (0,95) inferior a 1 no consiga el refresco, puede que ese intento insuficiente influya en el precio marcado para el siguiente. No sabemos cuánto nos pedirá esta vez la neurona y, probablemente no será 0,05, lo que faltaba para el 1. Puede, incluso, que el precio esta vez sea mayor y no baste el 1. Sólo sabemos que el precio de disparo varía en función de los intentos previos, es un precio plástico (plasticidad dependiente de actividad).
Los padecientes de dolor no se libran de la tendencia digital del todo o nada.
– A mi esto no me funciona. Sigo igual. Voy a probar otra cosa.
Esperan que las crisis de migraña no aparezcan o se disuelvan al aplicar la terapia o remedio propuesto.
– Pensé en lo que me dijo. No tomé el calmante y me dije: “no está pasando nada, no tiene por qué doler…” pero me dolió igual que siempre…
La información para cambiar no ha llegado a la convicción exigida en los circuitos evaluativos y el cerebro ha seguido a su bola generando migrañas como siempre sin que nada de lo aprendido haya dejado, aparentemente, ninguna huella.
El mundo de la calderilla neuronal, de los estímulos que no llegan al umbral, es más importante de lo que pensamos. Existe el mundo del todo y la nada pero también opera el del casi todo y casi nada. Las neuronas no tiran nada, lo consideran todo. Nunca se sabe. No hay esfuerzos baldíos…
Un buen día las cosas han cambiado sin que sepamos por qué.
A Homo sapiens (ma non troppo) no le gusta quedarse sin saber el por qué de lo que le sucede. Necesita disponer de causas que expliquen nítidamente los efectos. Aborrece los céntimos de lo posible. Quiere certezas, conocer qués, cuándos y dóndes…
Para las neuronas los intentos casi son significativos. Su reiteración puede acabar siendo exitosa:
– No tengo mas que 0,90…
– Bueno… vale. No importa.
El aprendizaje, la plasticidad neuronal, el cambio de nivel de los umbrales, se alimenta de intentonas parciales, insuficientes, pero la reiteración va introduciendo cambios inapreciados del precio de disparo neuronal. Debemos seguir introduciendo las monedas disponibles con la confianza de que en cualquier momento el precio haya bajado y obtengamos la recompensa.
Puede incluso, que la neurona se dispare sóla, sin nuestro esfuerzo… Puede que regale el refresco… no exija monedas. Puede pasar del todo a la nada. Los desencadenantes migrañosos pueden convertirse en nada y las nuevas convicciones en todo…
Cada individuo es un universo distinto. Sus neuronas tienen unas leyes de disparo diferentes y oscilan de forma singular, según esté escrito el relato del pasado, presente y futuro de sus circuitos.
El saber ocupa siempre algún lugar, dispone de alguna ocasión aunque no podamos predecir y no debamos exigir el resultado… Depende de lo que suceda en el ámbito de la competición contra saberes de signo contrario…
El cerebro es un hervidero de conflictos entre convicciones y relevancias de diverso signo. Nada de lo aprendido cae en saco roto.
La nada aparente es a veces el todo.
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