Arturo Goicoechea

Cefalea ¿vascular? Ya vale...

Arturo Goicoechea · · Actualizado:

Generalmente una crisis de migraña contiene dolor de cabeza e intolerancia sensorial, digestiva, individual y social. Un padeciente en plena crisis no está para nada ni para nadie. Ni siquiera para sí mismo. El individuo y su mundo están requisados por y para el organismo.

El cerebro migrañoso actúa como si la cabeza estuviera amenazada y activa los programas que la defienden. Realmente en la cabeza no sucede nada ni va a suceder pero se monta una buena.

Hay veces que además de todo lo anterior aparecen, generalmente precediéndolos, extraños y preocupantes síntomas: zonas del campo visual en las que se pierde visión con destellos, estructuras geométricas quebradas que se van expandiendo, alteracion del lenguaje, hormigueos que se extienden por mano y boca…

En la época de la obsesión por el origen vascular de la migraña se sostenía la hipótesis de que en la migraña las arterias primero se contraían, comprometiendo el aporte de sangre al cerebro y creando problemas visuales, del lenguaje o sensitivos, para después dilatarse violentamente originando dolor.

Cuando la crisis de migraña se precedía o acompañaba de estos déficits (visuales, lenguaje, sensitivos) se denominaba: “migraña clásica o migraña típica”. Era una buena etiqueta pues nos permitía a los neurólogos tranquilizar a los padecientes. Si sólo había dolor, intolerancia sensorial y/o digestiva hablábamos de “migraña común”.

En ocasiones la crisis de migraña sólo produce las alteraciones visuales, del lenguaje y sensitivas. Antaño no se consideraba esa situación como migrañosa. Ahora sabemos que existe la migraña sin dolor, vómitos ni intolerancia sensorial. Sólo alteraciones visuales, lenguaje o sensitivas…

Los autoproclamados, autocomplacientes e impresionantes avances en el conocimiento de la migraña han permitido cambiar las etiquetas. Ahora a la migraña clásica (típica) se le denomina “migraña con aura” y a la común: “migraña sin aura”. A la migraña sin dolor: “migraña disociada”.

Los padecientes no se hacen una idea clara de lo que es el aura. Todavía les ronronea la información del origen vascular y siguen pensando en arterias estrechadas que no dejan pasar la sangre. Hay muchos, muchísimos médicos, que también lo piensan.

Aplicando nitroglicerina se produce una vasodilatación arterial. En las personas no migrañosas no aparece la crisis. En la mayoría de los migrañosos la nitroglicerina desencadena la crisis migrañosa. La deducción aparentemente lógica es que eso prueba el origen vascular del dolor: si vasodilatas, desencadenas la migraña… si eres migrañoso. Un migrañoso es alguien que tiene las arterias sensibles, inflamables, excitables. Aplicas un estímulo vasodilatador y se desencadena la reacción hipersensible de la constricción primero y la vasodilatación después. Más claro, agua…

Antes se podían formular hipótesis y comprobarlas en experimentos con animales. Ahora podemos poner nitroglicerina a migrañosos y controles y ver qué ocurre con los calibres de las arterias y el flujo sanguíneo. Pues bien, aparece la crisis únicamente en los migrañosos pero no se correlaciona con ningún cambio arterial de calibre ni de flujo. Las arterias de controles y sanos muestran la misma respuesta lógica inicial pero no durante la crisis.

Muchos migrañosos, especialmente cuando el dolor pulsa, piensan que sus arterias están sometidas al estrés del martilleo violento de la sangre sobre una pared arterial sensible. Eso les inquieta y a veces temen que alguna arteria reviente. Las arterias no corren ningún peligro en la crisis pues no sucede nada amenazante. Simplemente los sensores de daño (nociceptores) de la pared arterial están activados y generan señales falsas de amenaza que confunden a un cerebro hipersensible, atemorizado por su predicciones alarmistas.

Por la consulta pasan residentes de otras especialidades para adquirir conocimiento sobre Neurología. En una ocasión comenté con con una de ellas, migrañosa con aura, fiel creyente de lo que le habían enseñado, que la migraña no tenía nada que ver con constricciones ni vasodilataciones arteriales…

Al cabo de unos días confesó su condición migrañosa (con aura) y lo que había sucedido. Se inició, como siempre, la alteración visual. Ella pensó: “ya están mis arterias…” pero ahora disponía de otra información: “no son las arterias…” El déficit visual fue más breve que en otras ocasiones… “Bueno, a las arterias no les pasa nada, según me ha contado el neurólogo… no se vasodilatan…”

El dolor no apareció. La sospecha vascular se había diluido. Desde entonces (y esto hace ya bastantes años) no ha vuelto a tener crisis migrañosas, con aura, sin aura ni disociadas…

¿Por qué se sigue afirmando que los migrañosos tienen las “arterias inflamadas”?

  1. No es cierto

  2. Promueve el alarmismo neuronal, es decir, la migraña…

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