Fisioterapia cognitivo conductual y Psicología

Los padecientes de dolor crónico habitan un organismo que opera desde un tramado de falsas creencias sobre sí mismo. El cerebro responsable del sufrimiento mantiene una narración catastrofista de unos tejidos supuestamente vulnerables, frágiles, desgastados, enfermos, una baja estima de su resistencia a los embates de las acciones cotidianas solicitadas por el individuo.
El cerebro protector del padeciente trata de limitar la conducta motriz proyectando dolor, desánimo y cansancio sobre la pantalla perceptiva consciente para que el individuo desee conducirse como si estuviera realmente enfermo, envejecido o desgastado.
El padeciente de dolor crónico habita, en realidad, un organismo razonablemente sano gestionado por un cerebro equivocado en su evaluación. Los profesionales debieran esforzarse en recuperar la autoestima somática, promover la convicción del derecho a moverse sin provocar el miedo cerebral al daño, recuperar programas motores de calidad.
La Fisioterapia emergente, empapada de neurobiología, una vez liberada de lastres doctrinales acientíficos, es la que se encuentra en mejor disposición cognitiva y motivacional para responsabilizarse de la tarea de disolver la estructura psicopatológica somática del miedo fóbico al movimiento, las falsas creencias sobre tejidos y las propuestas actuales políticamente correctas y neurofisiológicamente criticables sobre cómo estar y moverse por el mundo.
El “dolor músculoesquelético” debe desaparecer como etiqueta para dar paso a un concepto actual biológicamente profundo de disfunción nociceptiva o como se le quiera llamar.
En el organismo generador de dolor reside un individuo padeciente, más o menos consciente que se ha ido enredando en la telaraña de las falsas creencias y propuestas conductuales inapropiadas tejida por el cerebro catastrofista. Muchas veces ese individuo ha construido una narración disfuncional sobre sí mismo y su relación con el entorno, como sujeto residente en un cuerpo y en un grupo social que no acaba de entender y respetar su estado ni promover el amparo y ayuda profesional necesarios. Los circuitos responsables de la cronificación del miedo somático automatizan modos hipervigilantes, hipersensibles, desesperanzados y catastrofistas de evaluar pasado, presente y futuro facilitando en cortocircuito los programas defensivos (dolor, desánimo, cansancio, bloqueo articular).
El organismo necesita la ayuda del fisioterapeuta cognitivoconductual y el individuo la del psicoterapeuta.
Una integración cognitivoconductual entre la nueva Fisioterapia y una también renovada Psicoterapia del padeciente (en ausencia de daño) sería necesaria para inyectar nuevas ideas y aplicaciones en el enquistado y oxidado mundo de los “equipos multidisciplinares”.
Algunos fisios ya llevan un buen trecho del camino andado. Bueno sería ver a los psicólogos en ese empeño aportando su conocimiento teórico y práctico sobre gestión de la disfunción psicopatológica. Tal como ha sucedido con los nuevos fisios sería condición necesaria actualizar sus credos, aplicarse una autoterapia cognitivoconductual sobre dolor, un master en neurobiología.
Fisios y psicólogos tienen que hablarse y descubrirse.
“Oceano mar”, un estimado visitante de este blog, ha aportado interesantes experiencias en ese propósito. Ojalá el ejemplo cunda y se multipliquen las parejas profesionales de hecho y derecho entre fisios y psicólogos.
¿Por qué no?
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