Curaciones milagrosas

Con ocasíon de la reseña de las cien mil entradas visitadas en el blog algunos ex-padecientes han dejado testimonio de su ex-condición.
La cosa tiene su miga ya que se han librado de padecer enfermedades tenidas y sostenidas como “misteriosas, emergentes e incurables” sin más arte que el de saberse sanos y entender el origen de su padecimiento.
– Está usted sana. Enhorabuena.
– Entonces… ¿por qué me duele?
– Es su cerebro. Actúa como si hubiera realmente una enfermedad pero está, evidentemente, equivocado. Ahí le duele.
El grupo de enfermedades por error evaluativo de peligro por parte del organismo (alergias, enfermedades autoinmunes, migraña, fibromialgia…) se curan por disolución del error por parte del organismo.
La función de evaluación de peligro en los tejidos no es infalible. Podemos estar enfermos y sentirnos y creernos sanos. Ello indica que el organismo también lo cree así. Podemos estar sanos y sentirnos y creernos enfermos. Ello también indica que el organismo comparte nuestra valoración (errónea).
Los síntomas certifican la opinión (acertada o errónea) del organismo, no su estado.
Una enfermedad que se cura con pedagogía es una enfermedad por error evaluativo de la red neuronal.
Las enfermedades por disfunción evaluativa neuronal también pueden, aparentemente, curarse aplicando cualquiera de las terapias del mercadillo: fármacos, agujas, hierbas, productos homeopáticos, toxinas, cirugías… Sin embargo no se ha producido la curación ya que el error evaluativo no sólo no se ha disuelto sino que se ha amplificado y probablemente volverá a expresarse exigiendo nuevas aplicaciones de la terapia exitosa o, lo que es más probable otra novedosa…
– Me han operado en Zurich de fibromialgia y me encuentro perfectamente… Me siento curada…
He atendido a padecientes con fracaso estrepitoso. El afrontamiento del error evaluativo no ha hecho sino provocar su indignación e impulsar la búsqueda de soluciones en el mercadillo. Recuerdo un caso grave de migraña…
– ¿Cómo le va?
– Fatal… ¡claro!
– ¿Cree en lo que le explico?
– Pues la verdad es que no. Me han aconsejado la toxina botulínica.
– Le pongo en contacto con un compañero para que la aplique…
La padeciente respondió maravillosamente a la toxina. Estuvo un año libre de migrañas. Una nueva aplicación le libró de las crisis, esta vez durante un mes y a la tercera fué la vencida, la toxina perdió su virtud sanadora.
Tras estas curaciones espectaculares, milagrosas, se esconde el efecto nocebo (disfunción evaluativa de enfermedad) y el placebo (disfunción evaluativa de curación).
Existe el nocebo y placebo con engaño consciente (por parte del experimentador). Múltiples estudios de laboratorio demuestran que los síntomas pueden ponerse y quitarse a golpe de información engañosa.
Existe el nocebo y placebo por error (inconsciente) de evaluación de peligro, sin engaño. La creencia errónea de enfermedad se puede resolver sustituyéndola por una creencia (cierta) de salud o por otra errónea de aplicación de una terapia eficaz.
Las curaciones pedagógicas sólo utilizan información. No hay terapia. Ello demuestra que hay un cerebro que procesa la información y que modifica sus decisiones defensivas referidas a valorar peligro.
Las enfermedades nocébicas operan por obra de creencias erróneas de peligro. Dejan de operar por disolución placébica engañosa de esas creencias o por convicción de que, afortunadamente, la amenaza de peligro era falsa.
– Buenas tardes. Llamo de la oficina de posibles catástrofes…
– Déjeme en paz…
Curarse de enfermedades por disfunción evaluativa es, teóricamente, sencillo. Basta con que el organismo se sepa sano. El problema es cómo conseguir modificar las convicciones del cabezota cerebral, un órgano seleccionado evolutivamente para imaginar peligro allá donde la información (experiencia propia y ajena, cultura) lo señale.
Es más fácil calentar la cabezota alarmista con información alarmista que enfriarla cuando hierve…
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