Cien mil

Ayer este blog sobrepasó el listón de las cien mil páginas visitadas.
La andadura comenzó en Marzo del año pasado bajo la etiqueta de mi nombre y dos apellidos para dejar constancia de que cuanto se dice en el blog corresponde a una propuesta personal sobre un espacio profesional que me ha ocupado y preocupado desde hace bastantes años: el espacio de los padecientes a los que no encontramos ninguna enfermedad en sentido clásico, los padecientes residentes en un organismo aparentemente íntegro, sin infecciones, tumoraciones, intoxicaciones, degeneraciones ni traumatismos relevantes, los padecientes “con síntomas sin explicación médica”.
Ser un padeciente “sano” no es ninguna bicoca sino todo lo contrario. Conlleva todo tipo de torturas físicas y psicológicas. Una muy especial es la del peregrinaje por los mercadillos de las propuestas de causas y remedios, variopintas, contradictorias y desustanciadas biológicamente.
En todo el peregrinaje el padeciente no hallará ninguna referencia a las neuronas, a su trabajo como un sistema integrado en el organismo, ocupado en construir una narración (interpretación) de la azarosa interacción del individuo con su entorno, entendido este no sólo como un espacio físicoquímico sino también cultural, social.
Los padecientes que visito muestran todos su sorpresa cuando les explico el catón, el ABC de las neuronas y su implicación en la generación de lo que percibimos. El analfabetismo neurobiológico de la ciudadanía es notorio. Huesos, articulaciones, músculos, hormonas, estreses, alimentos, energías… ocupan todo el espacio de responsabilidades en la génesis del sufrimiento. No hay ningún rincón para las neuronas.
El analfabetismo neurobiológico de la ciudadanía en cuestiones de organismo existe porque no hay alfabetización por parte de los neuroprofesionales. De las neuronas se ocupa un variopinto ejército de neurosubespecialistas agrupados en el tridente de la Neurología, Psicología y Psiquiatría (orden alfabético), un tenedor que no acaba de hincarse en las carnes del sufrimiento descarnado, inmaterial…
El blog propone situar en el aprendizaje guiado por la cultura el punto de mira de las averiguaciones, una vez descartada la responsabilidad tangible de las causas clásicas. Percibir es interpretar, narrar, predecir, temer… El cerebro nos incita con los contenidos perceptivos del sufrimiento a acciones defensivas y lo hace no porque se le escapen chispazos en circuitos hiperexcitables por obra de genes o perturbaciones del medio perineuronal inducidas por todo tipo de variables externas (encadenantes) sino por obra y gracia del modo en que se narra (interpreta) a sí mismo el universo de los sucesos posibles.
En torno a las propuestas del blog han merodeado básicamente padecientes, expadecientes, algunos psicólogos y psiquiatras, un neurólogo por cortesía y, para mi satisfacción, un apreciable y apreciado grupo de fisioterapeutas, significados por su interés en todo lo que la neurobiología ha ido aportando como conocimiento susceptible de ayudar a entender porqué duele tanto todo si dicen que no hay nada o su contrario: por qué no duele nada habiendo de todo en esqueletos castigados por deformidades severas.
Como sucede con las casas, que las habitan fijos y eventuales, hay visitadores del blog fieles y evanescentes, apreciantes, desapreciantes, despreciantes, apreciados, desapreciados y despreciables. Ha habido alguna pequeña algarada con temas sensibles pero, en general, el rollito ha sido aceptable.
Doy las gracias a los blogueros habituales por su visita cotidiana y reitero mi satisfacción y esperanza en el colectivo de fisios, tocados (sin retorno) por el conocimiento de lo neuronal, el único colectivo interesado con seriedad y sustancia en este momento en dar con las claves del alivio desde la neuroracionalidad, un colectivo que, incomprensiblemente, no forma parte de los rimbombantes “equipos multidisciplinares” del dolor.
No me ha sorprendido el ruidoso silencio de los neurólogos, silencio habitual en todo lo referido a dolor sine (su seleccionada) materia (real o imaginada).
Que todo el mundo tengamos lo que nos merecemos… cien mil doscientas cuarenta y tres gracias (7,05h)… desde la pequeña aldea del blog y hasta mañana…
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