Receptores de dolor

Receptores de dolor…
Por la boca muere el pez.
Con ocasión de la concesión del Premio Príncipes de Asturias a los investigadores que aportaron datos sobre la implicación de los receptores TRPV1 y la glía en la compleja química de la circuitería de la nocicepción (detección de daño consumado o inminente en los tejidos) se han prodigado las declaraciones complacidas de los expertos, por la importancia de los hallazgos, y de las Asociaciones de padecientes, necesitadas de disponer de una solución a su infierno. Todos han mostrado su satisfacción por “el avance”.
En las reseñas de la prensa se recoge sistemáticamente la expresión “receptores de dolor”, incluso en boca de algún miembro del jurado que ha concedido el Premio.
El lenguaje nos delata para bien o para mal. En el tema del dolor hay un “test del algodón” lingüístico: basta con analizar si aparecen expresiones como “receptores de dolor”, “vías de dolor”, “centros del dolor”, “generadores del dolor”… para desconfiar de lo que se dice y promete.
Los receptores TRPV1 no son “receptores del dolor”. Se limitan a generar una señal informativa en un punto cuando la temperatura es elevada o han llegado mensajes químicos muy variables que indican un estado de daño necrótico consumado o inminente en la zona. Una vez detectada la amenaza generan un estado de sensibilización ante los estímulos. Es decir, son detectores de peligro y protectores de la utilización de una zona dañada mientras persista la amenaza.
El único “receptor de dolor” es el individuo consciente. La representación consciente del cuerpo (YO) recibe en cada uno de sus puntos el estímulo doloroso generado por el procesamiento integrado de la red neuronal, tanto de señales periféricas como de archivos de hechos pasados, presentes y futuros. Podemos imaginar el YO perceptivo como un espacio tridimensional de puntos de microconsciencia. En este espacio consciente es donde residirían los supuestos receptores de dolor, de frío, calor, cansancio, aburrimiento, placer, picor… o cualquier otro sentimiento…
Los receptores TRPV1 chisporrotean señales eléctricas cuando los tejidos que vigilan andan en apuros, pero también lo hacen cuando el cerebro está apurado por posibles acontecimientos nocivos, por predicciones alarmistas generalmente descabelladas… Toda la parafernalia bioquímica de la detección de peligro se despliega tanto si hay fuego como si sólo se teme que pueda haberlo.
El cerebro no espera a que se consumen los hechos. Alerta al individuo cuando le pueden sus miedos. Si teme por la cabeza dolerá la cabeza, si el temor es articular, las articulaciones… El receptor de dolor (el individuo consciente) detectará las señales dolorosas y obrará en consecuencia.
– ¡Peligro! ¡Proyéctese dolor sobre el cuello!
El YO receptor detectará las señales dolorosas de alerta.
– Me duelen las cervicales…
En el dolor crónico (en ausencia de daño) no hay un problema de “receptores de dolor” autosensibilizados en la zona dolorida. Es el cerebro el que está hipervigilante, hiperexcitado, hiperirritado, hipermosqueado, hiperconfuso, hiperequivocado, hiperalertado, hiperprotector, hiperprohibidor, hipercatastrofizador… Puede que todo ello comenzara con un suceso real de daño, tras un accidente, una infección… pero, una vez reparados los tejidos, el miedo se instala en las oficinas de la alarma y se proyecta a la consciencia para ser percibido como dolor.
El YO receptor de dolor también se sensibiliza y colabora en el estado crónico de la alerta. Todas las capas neuronales del organismo, desde los receptores de daño-peligro (TRPV1 entre otros…, la glía…) hasta el receptor de dolor de la consciencia del YO se sensibilizan ante la prioridad de una evaluación de amenaza…
“¡Identificados los receptores de frío!” Se abre una importante vía de investigación para descubrir nuevos fármacos para combatir el frío crónico.
– Estoy siempre helado. ¿No me puede dar algo contra el frío…?
Advertido queda: desconfíe siempre que alguien use la expresión: “receptores de dolor” por más que sea un afamado Catedrático o Investigador de un no menos afamado Instituto de Neurociencia…
– ¿Receptor de dolor? Aquí, un servidor…
Desgraciadamente cada día se descubren miles, millones de nuevos receptores de dolor. La ya gruesa lista de padecientes-receptores de dolor crónico engorda sin medida a pesar de los “avances” en la identificación de las supuestas moléculas responsables.
Miedo dan las campañas de sensibilización. Sensibilizan la generación y recepción de dolor allá donde realmente se genera y sensibiliza, en el cerebro y en el YO padeciente…
Todos los días laborables identifico nuevos receptores de dolor… Tienen nombre y apellidos: APJ, FNR, OLM, KGB, UTR…
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