Pseudociencias

El mercadillo de los remedios es variopinto. Rebosa teorías y ofertas que prometen el sosiego corporal. Es inútil buscar puntos de confluencia en sus postulados. Cada uno defiende su credo. Fármacos, energías, dietas, meditaciones, relajaciones, manipulaciones, productos homeopáticos, diademas, pulseras, hologramas… todos incluyen una base teórica que justifica la bondad de su aplicación.
Los peregrinos del dolor recorren los puestos analizando las ofertas buscando algo novedoso a fuerza de haberlo probado ya casi todo.
Todos los puestos ofrecen soluciones, remedios, alivio… terapia.
El peregrino no se anda con demasiados remilgos críticos racionalistas. No le hace ascos a lo esotérico.
– Tenía unos tendones montados…
– Me miró el iris…
– Me recolocó las vértebras…
– Me fue muy bien con la homeopatía…
– Me tomo dos calmaplus-plisplas…
Las propuestas oficiales de los remedios están investidas de autoatribución científica. A un lado la Ciencia, es decir, nosotros, y al otro lado un batiburrillo de remedios englobados en el confuso label de “lo alternativo”.
Los padecientes se confían, de entrada, a los oficiales.
– Me duele
– Tómese una cada ocho horas…
– Me sigue doliendo…
– Tómese esto otro…
– Cada vez me duele más
– Yo más no puedo hacer… Serán los nervios… la depresión… las neuras…
El padeciente agota la fe en el sistema y prueba las “alternativas”. Muchas veces con éxito…
Los oficialistas, los del label científico, hacen un gesto ambiguo de comprensión-desaprobación: “a estos los engañan como a chinos…” En sus revisiones extensas sobre terapias dedican páginas a exponer las indicaciones de cada una de sus múltiples ofertas farmacológicas para, al final, dedicar un piadoso rinconcillo a los remedios alternativos. Allí se apretujan agujas, homeopatías, hierbas, meditaciones y demás. Tres o cuatro renglones para todos. Migajas…
En este bureo no hay lugar para la información sobre la información: ¡tenga cuidado con lo que le cuenten! ¡no se crea nada de todo lo que le ofrecen en este mercadillo!
Una expadeciente de migraña, fibromialgia, fatiga crónica, dolor crónico de un desventurado pie… recomendaba como fórmula para salir del infierno el coger toda la información sobre dolor acumulada en el peregrinaje, meterla en una bolsa de basura… y sacarla a la calle…
A los padecientes les cuesta librarse de lo que han ido creyendo y descreyendo en el camino. ¡Cómo voy a tirar esto…! Tampoco les queda mucho hueco para nuevos credos…
– El cerebro…
– Pues lo voy a intentar… por probar…
A los padecientes peregrinos les cuentas lo del dolor y el cerebro, les das unas hojas para que reflexionen… cogen una cita para revisión, una hora de tiempo público… pero no vuelven… ni siquiera llaman para comunicar sus novillos…
Cogen su hora de revisión, las hojas que informan sobre la información, la meten en una bolsa de basura y la sacan a la calle según van a darse otra vuelta por el mercadillo de los remedios en busca de algo nuevo…
Ayer tenía citadas para la sesión de tarde tres padecientes, una hora para cada una… Sólo acudió una… Es el porcentaje: la tercera parte: dos de cada tres padecientes pasan de cerebro… Mal panorama… La que vino parece que iba mejor… de momento…
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