Por si... como si...

El sentido del daño necrótico detecta agentes y estados de necrosis consumada o inminente (si continuamos con la exposición al agente nocivo). Los sensores de necrosis consumada, estímulos potencialmente necrotizantes (temperaturas extremas, agentes mecánicos, acidosis, falta de oxígeno…) e inflamación, generan señales que informan a toda la red neuronal del suceso, perfectamente localizado en tiempo, espacio, intensidad y persistencia. El cerebro proyecta la percepción del dolor, integrando los datos del presente con la memoria de experiencias pasadas y el contexto del escenario.
Probablemente el dolor ajustará sus parámetros subjetivos a los datos objetivos del daño en los tejidos.
El sentido del peligro de daño necrótico cataloga agentes y estados que informan de la posibilidad de que se produzca una amenaza: el viento, el chocolate, una variación hormonal, una preocupación… pueden quedar marcados como estímulos capaces de generar un cambio interno no especificado cualitativamente, proyectado sobre una zona del organismo.
La peligrosidad puede ser objetiva: si uno ha contraído el virus de la gripe o ha comido una ensaladilla rusa en mal estado con toda probabilidad sentirá dolor proyectado sobre músculos y tripas en un futuro cercano.
Es más frecuente la peligrosidad supuesta, atribuida por información. Dicen que…
El cerebro de los sapiens (ma non troppo) no puede sustraerse fácilmente de las habladurías.
Dicen que… pues por si lo que dicen es cierto bueno sería presionar al individuo con un como si estuviera pasando lo temido para que actúe frente a una mera posibilidad como si esta se hubiera ya consumado.
Dicen que… la humedad afecta a las articulaciones. Por si es cierto… proyecto el dolor sobre la rodilla operada como si hubiera problemas para que el individuo colabore en el estado de alerta.
El dolor del dicen que… por si… como si… es muy común. El cerebro sapiens (m.n.t.) está seleccionado genéticamente para ser cándido con lo que se dice. La corteza especulativa procesa las habladurías del peligro y decide darle a los botones de la alerta por si las moscas. Los programas perceptivos no necesitan realidad consumada. Están conectados con el cerebro especulativo-ejecutivo. Si el cerebro teórico, culturizado, hipocondríaco, cagueta… se ha tragado los bulos del viento, el chocolate, las hormonas y demás… proyectará su miedo hacia la zona temida como si ya se estuvieran cumpliendo los más negros augurios…
– Dicen que… y en mi caso es verdad… porque me duele…
El individuo cae en la falacia de la supuesta prueba objetiva: no sé, YO sólo sé que… me duele…
Si duele debemos exigir al cerebro que el peligro esté ajustado al daño necrótico consumado o inminente y no a lo que se dice por ahí…
Me duele… no está pasando nada ni va a pasar… luego es un dolor que desenmascara una previsión alarmista, hipocondríaca, de nuestro cerebro.
A los bulos podemos darles crédito y actuar por si… como si… o mandarlos a hacer gárgaras…
El cerebro intentará que el individuo se tome en serio sus supersticiones. Tiene una herramienta poderosa para conseguirlo. Hacer que al individuo le parezca que está pasando lo que teme.
– Me duele la columna. Me han dicho que tengo desgaste… contracturas… un pinzamiento… una hernia discal…
Dicen, dicen, dicen… No haga caso de las habladurías. Exija pruebas fiables. Sea más riguroso. No se deje intimidar por los miedos cerebrales…
– ¿Y si lo que dicen es verdad y realmente está sucediendo algo…?
Mal asunto…
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