Arturo Goicoechea

¿Qué te cuentas?

Arturo Goicoechea · · Actualizado:

El cerebro es un cuentista. Necesita integrar pasado, presente y futuro en un relato cerrado, coherente. Lo de menos es que sus partes sean veraces. El conjunto es lo que importa. 

El cerebro aborrece la incertidumbre y se agarra a la primera propuesta sobre causas que ponga orden entre los efectos. 

Tal como comenta Agustín Morales, un seguidor apreciado de este blog, el cerebro crea explicaciones con apariencia necesaria de verdad para buscar el sosiego. No es casual que los neurólogos tiren de su delirante lista de desencadenantes de la migraña para explicarla. Probablemente eso calma su cerebro.

“La migraña es una enfermedad misteriosa, de origen genético”. Colgar el SanBenito a los genes del padeciente y a los desencadenantes introduce la paz en las poco exigentes mentes de los pensadores oficiales del origen y remedio de la “enfermedad misteriosa”. 

Los virus de las propuestas al uso colonizan el cerebro y acaban activando programas que no deben. La pedagogía introduce nueva información cuyo cometido es funcionar como antivirus. La eficacia de esta nueva información depende de su poder de penetración en los circuitos responsables del encendido de los programas. Se produce la batalla dialéctica entre credos y “el que gana se queda con todo”, accede a pulsar el botón de las alarmas.

Hay cuentos y cuentos. El cuento de los genes y desencadenantes no se sostiene a poco que uno haga preguntas minimamente racionales. El cuento que ofrecemos en este blog, el de la biología del temor a la necrosis y la cultura alarmista, tiene (al menos para mí) más enjundia biológica, más credibilidad. 

El cuento oficial sobre pecadores (desencadenantes) mal nacidos (genes) tiene el grave defecto de ignorar lo que vamos sabiendo sobre neurobiología del dolor. Se puede estar equivocado pero sólo es aceptable si lo que se defiende considera todos los datos conocidos y contrastados por la Ciencia. No es admisible el error cuando ignora-desprecia estos datos.

– YO paso de historias. Creo en lo que me funcione. Denme soluciones. La que me quite el dolor es la que me interesa. Creeré en ella mientras sirva como antídoto del dolor.

– Mis migrañas son digestivas…

– Las mías hormonales…

– Pues en mi caso son meteorológicas…

– Las mías son astrológicas…

– Me viene de familia…

– Las mías eran culturales. Tenía virus en el cerebro… Los antivirus me funcionaron…

Probablemente le mirarán raro si se arriesga a contar su cuento de los virus y antivirus culturales. YO ya estoy acostumbrado y lo cuento cada día en la consulta varias veces. 

Mi cerebro agradece el relato. Le parece fiable, redondo, completo, sin fisuras… Puede que eso me libre de tener migrañas, tal como les sucede a los neurólogos que cuentan todos los días el cuento de los genes y desencadenantes… Tienen el mayor índice de migrañas de la población. 

Se creen lo que predican…

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