Fobias internas

Una fobia es un miedo irracional a que algo terrible, teóricamente posible pero altamente improbable, suceda.
El sujeto victima de un estado fóbico no puede evitar actuar como si lo temido estuviera a punto de suceder. Si la fobia se proyecta sobre un escenario externo la estrategia exigida es la de evitación, el alejamiento del agente o estado inductor. La evitación es mano de santo. Acaba con la zozobra pero… refuerza la presión para evitar el desencadenante fóbico en próximas exposiciones.
Cuando la fobia surge de una incertidumbre sobre sucesos internos terribles, teóricamente posibles pero altamente improbables, el individuo busca el agente causante del desasosiego del organismo, expresado en forma de percepciopnes somáticas diversas (dolor, hambre, sed, picor…) para evitarlo en el futuro.
No siempre es factible dar con lo que dispara la alarma fóbica cerebral sobre interior. Si se tiene éxito y se evita el desencadenante, se hace la calma.
Tuve una adolescente padeciente de migrañas con la que fracasó estrepitosamente el esfuerzo pedagógico. Al cabo de unos dos años de haberle perdido la pista me encontré con su sonriente madre en el mercado…
– Ya no tiene migrañas… Era la ternera. La evitamos y asunto concluido…
Hay otros padecientes con desencadenantes clásicos: el chocolate, los ruidos, el sol, las variaciones meteorológicas y hormonales…
En ocasiones el enfoque pedagógico funciona, el cerebro descataloga el encadenante, lo des-encadena, y cesan las crisis.
– Puedo comer queso curado y ya no tengo migraña
Cuando el padeciente no ha conseguido hacerse con un buen encadenante para des-encadenarse, evitarlo, se refuerza la idea de que habita en un organismo con una cabeza hipersensible, intolerante, victima de un desarreglo misterioso interno al que no le vale la vida monacal, exenta de chocolates, alcoholes, estreses, tempestades, insommios y expresa su pánico a la destrucción violenta celular (necrosis) con un dolor in crescendo.
La fobia al suceso dramático interno pide al menos, en ausencia de una imposible conducta de evitación, una conducta de minimización de las consecuencias. El padeciente se ve forzado a detener su actividad, refugiarse en un cuarto oscuro, evitar los estímulos externos (luces, olores, sonidos…) eliminar lo comido, permanecer inmóvil física y mentalmente, suspirando por hallar el alivio en el sueño.
El cerebro fóbico no se conforma con la quietud. Pide remedios externos, antídotos, conjuradores del peligro, pózimas… Si resultan eficaces los memorizará y exigirá en sucesivas ocasiones. Se habrá vuelto adicto a ellos.
Las fobias no se disuelven por la vía de la evitación. Al contrario. Salen reforzadas aunque ofrecen la cara engañosa de la solución.
– Me tomo el calmante y puedo seguir…
Hay veces en que los remedios no bastan y se entra en una espiral de dolor que expresa el pánico somático a que algo suceda sin que parezca existir remedio, des-encadenante.
Los neurólogos siguen recomendando la búsqueda de los encadenantes para ser evitados y la aplicación precoz de conjuros…
Para las fobias hay algo mejor: la racionalización.
– Entre al ascensor. Reflexione sobre su seguridad…
La fobia a los ascensores acaba resolviéndose si uno trabaja de botones en un edificio de muchas plantas y tiene que andar de aquí para allá con recados…
La fobia se resuelve aplicando al temor de que suceda lo teóricamente posible, aunque sea altamente improbable la regla de que lo teóricamente posible y altamente probable será que no suceda nada de lo temido.
. Hoy ha salido viento Sur. Ya noto mi cabeza…
Una amiga me contó que a su abuela se le fueron las migrañas cuando falleció el abuelo…
El cerebro tiene razones para sus miedos que el individuo desconoce…
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