Peregrinos

Los peregrinos andan de aquí para allá en busca de no se sabe bien qué, de un algo vivificador, reconstituyente, de un alivio, una luz.
Homo sapiens (ma non troppo) es de vocación peregrina. Recala en tierras extrañas para satisfacer sus carencias. Algo le empuja a salirse del marco local y explorar el mundo para rellenar huecos.
Los padecientes de dolor son peregrinos. Visitan los lugares del remedio aguijoneados por la imperiosa necesidad de recuperar el sosiego físico. Vuelven al hogar con fármacos, agujas, hierbas, bálsamos, energías, productos homeopáticos, cirugías, toxinas… esperando el efecto sanador o, al menos, aliviador.
La visita al enésimo lugar de las terapias alivia poco el dolor y bastante el bolsillo.
Los peregrinos acaban visitándolo todo. Algunos incluso recalan en este recóndito blog.
– Le veo una lógica…
– Me convence, pero sólo en parte…
– No me da soluciones…
De vez en cuando acude un nutrido grupo de peregrinos. La curva de visitantes se dispara durante un par de días y vuelve a sus cifras de siempre. Los peregrinos vuelven al campamento base de su foro casero y comentan las impresiones del viaje.
En este blog no se ofrecen terapias pues el tema del dolor, en ausencia de daño, no es cosa de ellas. No hay infecciones, tumores, tóxicos, desgarros, compresiones, insuficiencias ni excesos. Sólo errores de valoración sobre organismo. Por ello sólo se ofrece información, pedagogía, conocimiento, metáforas, argumentos, palabras, palabras… Bla, bla, bla…
– ¿Así, sólo hablando? YO necesito algo más…
El sistema de recompensa empuja a los sapiens peregrinos a la búsqueda de soluciones para las carencias: alimentos, cobijos, parejas… El dolor pide un remedio, una acción, ajena o propia (sugerida por el sanador), un cambio de conducta.
“El dolor, en ausencia de daño, es siempre la consecuencia de una valoración errónea de amenaza por parte del cerebro” dice el sabio en dolores, Dr. Moseley
– No tiene usted nada. Su cerebro está equivocado. Levántese, deje la camilla y ande.
A los peregrinos esto les suena a milagro y desconfían. Han hecho el viaje en balde. Se vuelven de vacío, sin remedios. Son ideas… peregrinas…
– Su cerebro no quiere que usted se mueva. El sistema de recompensa sólo pide consumos fáciles, terapias, remedios, alivios. No le da el visado para el movimiento libre, para la exploración, la aventura. Le prefiere arrestado, en casa.
Algunos peregrinos captan la fuerza del mensaje, de la buena nueva del saberse sanos y espabilan sin ningún arreo especial.
– Trate de entenderlo, creerlo y póngase en marcha. Líbrese de toda información previa, deje las pózimas, las hierbas “naturales” y los masajes y recupere viejos proyectos… Sus huesos lo agradecerán…
Una creencia es un estado de conectividad neuronal estable referido a un suceso. En una creencia hay química, potenciales eléctricos, campos magnéticos. Si cambiamos una creencia cambiamos la química, la actividad electromagnética cerebral. Las serotoninas, noradrenalinas, dopaminas, endorfinas, colecistoquininas, citoquinas, glutamatos, sustancia P, CGRP y todo el complejo universo de neurotransmisores y neuromoduladores se reorganiza como consecuencia de que el cerebro frontal, el de las ideas, ha dado un golpe de timón y ha puesto rumbo en dirección contraria.
¡Volvemos a la normalidad. Todo ha sido un error. Nos vamos. Desplegar las velas…!
– No se olvide de levar anclas…
Comentarios (24)
Los comentarios están cerrados.