¿Por qué ahora y no antes?

Cualquier suceso relevante, y el dolor siempre lo es, suscita la búsqueda de una causa que lo genera.
Duele la cabeza… ¿qué pasa en la cabeza? ¿Qué novedad se ha producido? ¿Qué he hecho YO para que surja el dolor?
– YO no sabía lo que era un dolor de cabeza. ¿Por qué me duele ahora si sigo haciendo la misma vida?
Es una cuestión frecuente en la consulta. Desconcierta y preocupa a quien la formula.
Las listas de desencadenantes “autorizados” de dolor de cabeza es inmensa. El padeciente la repasa deseando dar con algún agente o estado incluido en ella: “he dormido mal, ando con mucho trabajo, ha hecho mucho calor… las cañas de cerveza…” Si no hay rastro de desencadenantes surgen las dudas y comienza a gestarse el mosqueo y la necesidad de ir al especialista pues el dolor no cede con los calmantes que ha recetado el “cabecera” y, por tanto, no es un dolor “normal”.
La respuesta es sencilla
– Hasta ahora su organismo no estaba alarmado por lo que pudiera estar sucediendo en la cabeza. Desde hace unos meses, parece que se ha activado la alerta. Hay que averiguar si esa alerta está justificada o, simplemente, indica un estado de incertidumbre sobre posibles sucesos… Le pido un escaner para su tranquilidad aunque creo que probablemente sea normal…
– Ya, pero ¿por qué ahora y no antes?
– No lo sé. YO comencé a tener alergia al polen cuando tenía 19 años. Nunca sabré por qué no sucedió antes. Sólo sé que fue entonces cuando mi sistema inmune cometió el error de considerar como peligroso el aire con polen… Lo importante es saber si podemos hacer algo para que el organismo no se alarme cuando no hay motivos para hacerlo…
– Bien. Entonces haga algo para quitarme el dolor…
– No podemos poner ni quitar el dolor a nuestro antojo pero podemos tratar de recuperar la confianza del organismo en que no sucede nada preocupante en la cabeza cuando realmente es así.
– YO no pienso que tengo nada. Tengo dolor y lo que quiero es que se me quite. Usted es el médico.
– El dolor se irá cuando el cerebro desactive la alerta. La seguridad interior no es cosa del individuo. Ni el Sistema Inmune ni su cerebro le preguntarán si considera conveniente activar las alarmas. A diario el organismo neutraliza gérmenes y células cancerosas y le evita heridas, quemaduras y tóxicos sin que usted sea consciente de ello. Mientras los niños juegan en el parque sus padres imaginan peligros. En cualquier momento se enciende la alarma paternal: ¡ten cuidado, no te vayas a caer! Otras veces, el propio niño pide ayuda: “dame la mano, aita”
El dolor contiene a veces sucesos consumados o inminentes: la mano se ha quemado o la tapa de la cazuela estaba muy caliente y hemos podido evitar la quemadura… y, otras veces, sólo contiene incertidumbre sobre sucesos internos: augurios, temores… El cálculo de probabilidades lo lleva el cerebro. Cuando supera un límite se activa la alerta, el dolor.
La incertidumbre sobre daño está en el organismo desde el primer momento. A lo largo de la vida oscila según sucesos propios y ajenos y según lo que se cuenta. La cuenta de esta incertidumbre sube y baja. A veces, sin que se haya producido ningún incidente especial, aparecen los números rojos.
– He ido a sacar dinero del cajero y me dice que no me lo da… No entiendo por qué si hasta ahora siempre había dinero… He gastado lo de siempre…
– Es un cajero que no sólo le da dinero cuando hay dinero en su cuenta sino que también valora el riesgo de lo que vaya a hacer usted con él. Si teme que sus propósitos no son seguros no le dará el dinero aun cuando lo tenga usted en la cuenta.
– Pero el dinero es mío… ¿o no?
– Es del organismo, de sus células… seguridad interna…
– Qué más da. El organismo soy YO… ¿o… no?
– No
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