El dolor me despierta... yo no estaba pensando

Las peleas dialécticas en el cerebro por el cambio de convicciones se expresan a través de diversos comentarios. Uno habitual es:
– Muchas veces el dolor me despierta. YO estoy durmiendo y no estoy pensando en nada, luego…
Estamos ante la omnipresente identificación del pensamiento con el YO consciente. Si el individuo está apagado parece como si no pudiera existir el pensamiento. Las neuronas estarían esperando a que el gallo de la voluntad cante para ponerse en marcha al paso que marque el señorito.
YO pienso, YO respiro, YO hago la digestión, YO camino, YO fabrico orina, YO, YO y más YO
YO diría, más bien, que ello piensa, respira, nos duerme, nos despierta, nos camina, nos hace la digestión…
Ello es el organismo. Enciende y apaga programas. Activa ganas y desganas, sube y baja la temperatura, promueve y desactiva conductas, hace propuestas y reflexiones, nos prepara para luchar o huir, enciende los focos de la escena, sube el volumen de los micrófonos… nos bloquea, nos recuerda, nos olvida…
El cerebro necesita apagar al individuo para ordenar todo el conjunto de sucesos, experiencias, reflexiones, lecturas, visiones, escuchas del día al día. Todo debe pasar por las oficinas evaluativas con el objeto de extraer conocimiento, reforzar o refutar creencias. Si el cerebro decide apagar al individuo, se cerrarán los ojos y se apagará la pantalla consciente, iniciándose una actividad intensa en los circuitos que trasvasan el material de los episodios significativos del día desde el hipocampo a la corteza frontal.
En cualquier momento puede más el miedo cerebral hipocondríaco a la necrosis y se pulsa el ON de la alerta con el circuito de seguridad sensibilizado y el programa de dolor proyectado sobre la cocorota. Todo ello como consecuencia de lo que el organismo ha ido experimentando y reflexionando a lo largo del pasado recreado, del presente sentido y del futuro temido.
Estoy lloviendo, estoy haciendo sol, estoy haciendo frío… No tiene sentido
Estoy pensando, estoy haciendo la digestión, estoy orinando, estoy doliéndome… Tampoco lo tiene.
Reaccionamos ante los estados que se nos presentan desde el cielo y desde el cerebro. Ahí juega nuestra voluntad. Ese es su terreno. Ahí debemos proyectar nuestras reflexiones y propuestas de decisión.
El cerebro propone y, a veces, al individuo le queda un margen de respuesta, una posibilidad de modificar esas propuestas a través de un diálogo continuo con su cerebro. Lo hacemos inevitablemente, varias veces por segundo. Cada neurona conoce el resultado de sus reflexiones a través de la liberación de sus neurotransmisores. Todo funciona en círculos. Uno no sabe lo que va a decir hasta que lo ha dicho. Cuando lo oye, de forma sutil, puede influir en las siguientes palabras.
Las salidas (outputs) se convierten en entradas (inputs) tan pronto salen. La percepción es una acción que es percibida dando lugar a una nueva acción.
El cerebro puede despertar al individuo con propuestas varias plasmadas en percepciones: dolor, ganas de orinar, hambre, frío…
YO estaba durmiendo y me despertaron las ganas de orinar presionando con insistencia en las paredes de la vejiga…
YO estaba durmiendo y me despertó el dolor presionando mi cabeza…
YO estaba dormido luego…
Luego no es uno el que se pone el dolor para despertar. A uno le encienden las luces de la habitación y le espabilan para que vaya al servicio, al frigorífico o se tome un calmante… Eso sucede con frecuencia a horas intempestivas de la noche… ¿Por qué no?
– ¿El cerebro me despierta?
– Eso está mejor…
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