El dolor "psicológico"

Uno puede ver una persona robando en su casa. Las cámaras de seguridad captarían al ladrón y todo el mundo estaría de acuerdo en que se había producido un robo.
Pudiera darse el caso de que alguien vea en su casa a una persona en actitud amenazante y que, sin embargo, las cámaras de seguridad no la capten. Se trataría de una persona imaginada, percibida como si fuera real pero inexistente. A este proceso de percepción sin objeto le denominamos alucinación. Quizás también podríamos afirmar que se trataba de una persona “psicológica”.
Hay dolores que se corresponden con un proceso que destruye tejido en una zona y que, por tanto, activa los receptores de daño en ese lugar. Un escaner o la visión directa de los tejidos detectarían la zona necrótica y todo el mundo entendería que el dolor es la forma en la que percibimos ese proceso, por obra y gracia de una serie de procesos interpretativos cerebrales que dan lugar a esa cualidad sensorial, emocional, cognitiva y conductual que llamamos dolor. Estaríamos ante un daño necrótico real.
Pudiera darse el caso de que alguien sostenga que le duele la cabeza pero que los escáneres o la visión directa del interior de la cabeza no mostrara ningún suceso de daño. Lo correcto sería afirmar que se trata de una alucinación de daño, de una percepción sin objeto, sin suceso.
Pienso que los dolores sin daño corresponden precisamente a un proceso alucinatorio sobre nocividad. El organismo construye una percepción sin objeto. Percibimos lo que percibiríamos si tuviéramos una meningitis o una hemorragia subaracnoidea en el interior de la cabeza pero no hay ninguna alteración. Es un daño imaginado, irreal, alucinatorio.
Pienso que eso sería lo correcto pero lo digo aquí en el blog con la voz muy bajita para que no lo oiga nadie pues suena no sólo extraño sino, pudiera ser, incluso ofensivo para los padecientes de migraña.
Rodolfo Llinás es un reputado Neurofisiólogo de la Universidad de Nueva York. Ha escrito un libro que releo de cuando en cuando: “El cerebro y el mito del YO”. Sostiene Llinás que el cerebro sueña, emula la realidad. A veces lo hace guiado y limitado por los sentidos. Vemos personas y sentimos dolor porque, realmente hay personas y nos hemos golpeado con la cabeza contra una esquina.
Hay veces en que el cerebro sueña los sucesos con los sentidos en suspenso, con el individuo apagado por el propio cerebro para no perturbar su sueño (el cerebral), el procesamiento libre, alucinatorio de los sueños. El YO se apropia de todo y comenta cuando el cerebro vuelve a encenderlo: “he estado soñando”, atribuyéndose el proceso.
En ocasiones el cerebro sueña la realidad sin apagar al individuo pues lo necesita despierto, activo. Activa los programas defensivos del dolor, las náuseas, la intolerancia a estímulos, que obligan al individuo a tomar la decisión de dejar lo que estaba haciendo, retirarse al cuarto oscuro, vomitar y tomarse “un medicamento”. El cerebro sueña, imagina el daño necrótico y fuerza al individuo a una conducta defensiva.
En la cabeza no sucede nada. Es una alucinación no controlada por los sentidos. No hay estímulos de daño necrótico pero el cerebro construye la misma percepción que si los hubiera.
Los neurofisiólogos consideran que la percepción es un proceso alucinatorio guiado por los sentidos. Estoy de acuerdo. La percepción de dolor en la migraña es una alucinación sin-sentido, sin señales sensoriales de daño necrótico.
Algunos sostienen que si alguien dice que tiene dolor en una zona donde los escaneres no encuentran nada estaríamos ante un dolor “psicológico”. Es un término que no me gusta. Lo tengo censurado y no lo utilizo nunca.
Hay dolor con daño necrótico y dolor en ausencia de nocividad necrótica (actual o inminente). El dolor es el mismo. Es una percepción real proyectada por el cerebro a la conciencia. Para el individuo se trata de una percepción que hace sufrir y obliga a centrar la atención en una posible amenaza, a considerarla y actuar como si fuera a producirse.
Dicen los neurólogos que la migraña aparece porque existe un cerebro genéticamente hiperexcitable, alarmista por naturaleza.
Creo que se trataría, más bien, de un cerebro soñador, que va más allá de lo que proponen y limitan los sentidos. Ese cerebro soñador migrañoso podría imaginar otros sucesos pero ha aprendido, por imitación-observación e instrucción experta, a quedarse atrapado en el sueño recurrente del daño necrótico.
Para deshacer ese sueño terrorífico, esa pesadilla cerebral, sólo hay dos modos: dormir al individuo (es una decisión cerebral) o calmarlo… con calmantes-engaño o con información sobre lo que realmente está pasando… es decir, nada.
– Cálmese. En la cabeza no pasa nada.
– ¿Por qué no me da un calmante…?
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