El modelo miopsicosocial

El dolor es una percepción singular. Tiene modelos. No hay otra percepción que los tenga. No hay, por ejemplo, modelos de hambre, de frío, de picor o de cansancio.
Para explicar el dolor, en ausencia de daño necrótico, se han propuesto diversos modelos teórico-prácticos. Actualmente se barajan básicamente dos: el modelo bio-médico y el bio-psicosocial.
Si a su dolor le aplican el modelo bio-médico se entiende que el sanador aplicante, tras interesarse por la localización del dolor y haber descartado un origen “orgánico”, procede sin más consideraciones a aplicar la terapia: fármacos, masajes, hierbas, agujas… neuroestimulaciones y neuroablaciones si lo anterior falla.
Los promotores del modelo bio-psicosocial defienden la razonable idea de que el dolor está influido, además de por el estado de los tejidos, por factores “psicológicos” y “sociales”. Hay, también, una persona padeciente, con un perfil psicológico y un modo de afrontamiento del dolor determinados y está insertada en un grupo social ante el que presenta su dolor y espera recibir comprensión y ayuda.
Afortunadamente las proclamaciones públicas de los sanadores tienden a producirse mayoritariamente en el marco del modelo bio-psicosocial.
Dios (o el Diablo, según otros) está en los detalles.
¿Qué es eso de bio? Detalles, detalles…
Para unos es la química, los genes (química al fin y al cabo). Se entiende que la ayuda se limite a los fármacos (química).
Para otros lo bio son huesos y articulaciones: “dolor osteoarticular”. Utilizan también fármacos pero añaden infiltraciones, cirugías y “rehabilitaciones”.
Están los del modelo de lo bio-cuestionable, bio-indetectable. Utilizan fármacos y otros bálsamos pero son reticentes a aceptar que hay bio por medio por no existir marcadores biológicos suficientes para desesperación de los pacientes que sienten la enfermedad en sus cuerpos (sus bios) y no comprenden cómo pueden dudar de que contienen, aunque oculta, una patología.
Actualmente hay un modelo emergente exitoso el mio-modelo. Es un modelo sintético que acaba con las diatribas de lo físico y/o lo psíquico. El dolor surge de un músculo maltratado por el estrés o en estado lamentable por la inactividad. “Buscar el músculo”. Esa es la clave del dolor. Una vez localizado sólo queda masajearlo, aplicarle la disciplina de la toxina botulínica, picarlo como a los toros para que humille, “muscularlo” o desinsertarlo.
El modelo mio-psicosocial está haciendo furor en la región cráneo-cérvico-facial. Puede que en otras zonas haya creencias, catastrofismos, cultura, huesos, articulaciones, hormonas, genes y alguna discusión con la pareja o apuros para llegar a fin de mes. El modelo bio-psicosocial dará con las claves del “todo puede influir y, de hecho, influye”.
En las alturas pintan músculos (mio). El estrés y el ordenador se ceban en los músculos de cráneo, cuello y cara. La única articulación del macizo cráneofacial, la ATM (articulación témporomandibular) se basta y se sobra con sus disfunciones para mantener contraídos los músculos masticadores y dar origen a cualquier tipo de dolor que los pacientes localicen dentro de su zona de influencia (cráneo y cara).
¿Migraña, dolor facial “atípico”, dolor cervical, cefalea de tensión… ? Toxina, puyas y desinserción muscular. No se hacen ascos a fármacos, masajes y manipulaciones.
Qué hay de necesario y suficiente en el modelo mio-psicosocial? No lo sé. Barrunto que el músculo está excesivamente imputado como culpable.
A los sanadores nos pueden traicionan las manos (masajes, puyas y recetas) y la boca (todo es cerebro).
El modelo mio-psicosocial seguramente tiene su ubicación correcta en algunos padecientes pero creo que está sobredimensionado.
Lo mío son las neuronas. Lo mio “no es de lo mío”… (es broma…)
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