El dolor es una acción-decisión cerebral, consecuencia de un proceso evaluativo.

Damos por sentado, porque así nos han enseñado a hacerlo, que el dolor es la consecuencia obligada de que algo no va bien donde duele. Es labor del médico detectar el agente-estado anómalo y tratar de corregirlo. - Por qué me duele? - Porque tu cerebro así lo ha decidido. Es lo que valora como la acción más conveniente. Lo hace por el bien del organismo, por defender la zona sobre la que proyecta el dolor. Piensa que está amenazada. Esta afirmación es siempre correcta y se corresponde con lo que sabemos actualmente sobre dolor desde la Biología. Sin embargo suena extraña y difícilmente asumible. - ¿Qué piensa, cree, imagina sobre su dolor. Cuál es su significado? - No entiendo su pregunta… - ¿Sí, por qué piensa usted que su cerebro le activa el programa dolor. Qué motivos tiene? - Doctor, le entiendo menos todavía… Yo lo que quiero es que se me quite. Es mi único pensamiento. El dolor es una acción decidida. Todo lo que percibimos es una decisión, un output o salida de la red neuronal, del circuito córticotalámico (perdón por el tecnicismo). Las decisiones cerebrales no son caprichosas ni son debidas a cortocircuitos, chispazos eléctricos, fallos, deficiencias de serotonina, dopamina, endorfina o cualquier otra …ina. - ¿Por qué iba a querer mi cerebro hacerme sufrir de este modo? ¿Quiere decir que mi cerebro es un sádico? - Su cerebro quiere proteger el organismo y lo hará sin contemplaciones si cree que existe la posibilidad-probabilidad de una amenaza. Lo que le hace considerar esa amenaza es, en ocasiones, una condición real nociva actuando en ese momento: un pincho, algo que quema, una infección, un ácido… y, en otras, simplemente, una hipótesis alarmista infundada. - ¿El cerebro tiene, entonces, miedos absurdos? - Existe esa posibilidad. - ¿De dónde salen esos miedos. ¿Qué o quién los construye? - Nacemos miedosos. A lo largo de la vida aprendemos a proyectar el miedo sobre lugares, momentos, agentes y estados. Tomamos nota de lo que nos sucede, de lo que vemos que sucede a otros y de lo que nos dicen que pudiera sucedernos los expertos que se dedican a conocer lo que debe ser temido. - Yo sólo tengo miedo al dolor. - Esa es la función del dolor. Hacer que usted se conduzca de acuerdo con lo que el cerebro quiere. Toda percepción tiene como objeto conseguir una conducta. El cerebro actúa proyectando el dolor para que usted deje de hacer lo que tenía pensado, se meta a un cuarto oscuro, se quede en la cama, se tome un calmante etc… Si no obedece, su cerebro apretará las tuercas… - No lo veo lógico. - No lo es. Activar un programa seleccionado por la evolución para situaciones excepcionales de emergencia como quemaduras, infecciones, desgarros es absurdo, irracional, desesperante. - ¿Qué se puede hacer para modificar esa situación, darle la vuelta? - Hacerle ver al cerebro que todo es un despropósito. Concienciarle del error. - Eso es un lavado de cerebro. - Llámelo como quiera. Ahora lo llaman reprogramación. - ¿Bien pero qué tengo que hacer? - Una de mis ex-pacientes recomendaba coger toda, absolutamente toda la información que usted encuentre en su cerebro sobre dolor, meterla en una bolsa de basura y sacarla a la calle. - ¡Qué fácil es decirlo! Desprendernos de lo que creemos no es, efectivamente, fácil pero es necesario. - Cómo voy a tirar todo esto con lo que me costó adquirirlo… es como si me tirara YO a la basura…
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