¡Pero qué haces ahí parado...! El fiflí...
Homo sapiens (ma non troppo) es, entre otras cosas, un vehículo. Arranca, acelera, frena, se detiene, gira… Cada una de esas acciones precisa una programación específica, con una provisión adecuada de energía, la justa. La sangre se distribuye por aparatos y sistemas en función de la actividad de cada momento. Al aparato digestivo para hacer la digestión, a la piel para el sonrojo o eliminar calorías, al cerebro para pensar… y a los músculos de las extremidades inferiores cuando tenemos que desplazarnos. La transición de estar quieto a moverse exige un gasto considerable de energía para arrancar y vencer la inercia de nuestra masa estática. Hay un programa, denominado «respuesta de lucha-huida», que se activa cada vez que decidimos movernos, cambiar de lugar. Si el motivo es porque hay fuego o un león que quiere comernos, el programa para mover el esqueleto se activa a todo gas, con el acelerador a fondo. El objetivo es derivar mucha sangre, bien oxigenada y con glucosa, a los músculos que nos desplazan. La reacción de arrancar-huir-luchar produce aumento de presión arterial, taquicardia, hiperventilación, inyección de glucosa en sangre desde el hígado, cierre de la circulación de sangre por piel y aparato digestivo, sudoración (para neutralizar el previsible calentón por el esfuerzo) y, apertura de las arteriolas musculares de extremidades inferiores para que podamos arrancar con velocidad suficiente, variable… - No me encuentro bien… - Estás pálido… - Voy a que me dé el air… - ¡Llamad a una ambulancia! Homo sapiens (m.n.t.) es una especie desmayable. Iglesias, cafeterías y hospitales son testigos de esa vulnerable condición nuestra. Los médicos dicen que sapiens (m.n.t.) se desploma porque sufre «bajadas de tensión». Así, sin más. Bueno, a veces, se le echa la culpa al calor, al ambiente «cargado», a haber bebido algo frío, a una emoción, a una «bajada de azúcar»… La mayoría de las ocasiones no se encuentra un motivo suficiente. Al parecer el prototipo sapiens no ha conseguido a lo largo de sus varios millones de años de rigurosa selección entre leones y leonas un sistema de garantía de provisión de sangre en cerebro para salir pitando o, simplemente, arrancar. En la facultad de Medicina ni se nombra la «respuesta» biológica básica del programa «lucha-huida». En inglés sería el FIght-FLIght. Yo le llamo: «FIFLI». El vehículo y el conductor no siempre están coordinados. Hay momentos y lugares en los que el cerebro programa irse y enciende el FIFLI. Incomprensiblemente el individuo permanece quieto con toda la sangre en músculos, llena de glucosa y oxígeno para arrancar. Hay un corazón para bombear sangre hacia el cerebro y tejidos y músculos en las extremidades inferiores para bombearla desde allí hasta el corazón. Si el FIFLI ha mandado sangre, mucha sangre, a la musculatura de las piernas y muslos y uno se queda parado se remansa más de un litro allí. La presión cae y sapiens también, un poco más tarde. Suelo tomarme mi tiempo en la consulta para explicar el proceso del FIFLI, que explica por qué se produce la «bajada de tensión». Muchos sapiens lo entienden y eso les ayuda pero hace unos días un compañero me contó que había atendido a una paciente con desmayos reiterados, que traía un volante del «cabecera» donde se precisaba: «evitar Doctor Goicoechea». Hay un extraño rechazo a las explicaciones biológicas cerebrales, a lo novedoso. Hay pacientes que interpretan la pedagogía neuronal como una tomadura de pelo y van ofendidos a «atención al paciente» a que les mande donde un médico normal, predecible en sus comentarios. La falta de coordinación entre cerebro-individuo explica muchas cuestiones en el día a día de pacientes y profesionales. El desmayo es una de ellas. Un problema común e invalidante que se sigue despachando tranquilamente con la etiqueta «bajada de tensión». Como sucede con las migrañas, a las que ya se ha buscado y fotografiado en colorines, un «generador de migrañas», algún día se describirá y fotografiará en colorines el «generador de bajadas de tensión». La Biología, la selección natural, Darwin, la sabana, la animalidad que inevitablemente nos explica, la cultura, las restricciones sociales para movernos, irnos… el FIFLI… no es Medicina ni tiene pinta de que vaya a serlo en un futuro inmediato. «Nada tiene sentido en Biología si no es a la luz de la evolución» sostuvo Theodosius Donzhansky hace ya unas cuantas décadas. Nada debiera de tener sentido en Medicina si no es a la luz de la Biología pero no es el caso. - ¿Evolución, Biología, FIFLÍ…? ¡Quiero que me vea un médico!
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