La "ex"

Reconozco a una “ex” por la expresión radiante de su rostro, según entra en la consulta. La cara es el espejo de muchas cosas.
– ¿Cómo te va?
– Soy feliz. Se acabó el sufrimiento. Ese imbécil ya no se ríe más de mí.
M. es una de tantas migrañosas sometidas al maltrato irracional de un estúpido cerebro empeñado en proteger la cabeza de no se sabe bien qué malos presagios.
El cerebro-pareja de M. aprovechaba los fines de semana para descargar su furia protectora. De lunes a viernes permanecía callado acumulando miedo al ver el entusiasmo y dedicación que ponía M. en su actividad. “Se está estresando… trabaja más de ocho horas y además le encanta lo que hace. No piensa en otra cosa”.
Los fines de semana el cerebro-pareja de M. activaba la alerta para forzarle a recapacitar, a ser consciente del riesgo de destrucción en la sesera si seguía con esa pasión por su trabajo. La migraña alcanzaba el 10 sobre 10 de dolor con su correspondiente cortejo de náuseas, intolerancia a luces, sonidos y demás ingredientes del mundo externo. Viernes, sábado y domingo. El lunes apagaba el programa pues de algo hay que comer…
Un antinflamatorio (contra ninguna inflamación) o un triptán (no se sabe bien contra qué) calmaban algo el pánico cerebral a la necrosis.
La “ex” ya no tiene migrañas. Hay veces que su cerebro-pareja quiere volver a las andadas pero M. hace un corte de mangas sutil. “Anda, que te zurzan”.
M. cuenta a sus amistades su nueva situación de “ex”. Algunos se alegran y otros expresan su temor por verle incomprensiblemente liberada y radiante.
– ¿Te han quitado las pastillas y sólo hablando te ha dejado de doler…?
– Así es.
– No me lo creo. Eso es que se han apoderado de tu mente… ¿No te habrás metido en una secta…?
Tal como comenta mjt en su blog “otoño, casi invierno” hablando de los renegados, los sapiens (m.n.t.) llevamos mal lo de que alguien reniegue de su antiguo credo. La manada es la manada. Las ovejas tienen que ser blancas si es blanco el color predominante del rebaño. No se admite que nadie se tiña las lanas.
Las visitas de las “ex” reconfortan. Animan a seguir siendo, como es mi caso, un renegado del rebaño profesional.
Comento con la “ex” que estaría bien fundar una Asociación de “ex” pacientes para dar testimonio de que en el fondo de tanta enfermedad misteriosa anda simplemente un cerebro equivocado, rebañado, con lanas blancas, políticamente correctas.
M. tenía migrañas desde la adolescencia. Un tercio de su vida ha sufrido el maltrato inclemente de un cerebro asustado. Ha bastado media hora de explicación y una mente abierta y perspicaz para disolver la irracionalidad anidada en los circuitos prefrontales, los que deciden el qué, dónde y cuándo de los despropósitos que la cultura experta alimenta con la esponsorización correspondiente de la Industria de Los Remedios.
La “ex” ha prometido visitarme de vez en cuando. Sé que anda, como otras “ex” por el blog. Eso da vidilla para seguir…
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