La falacia del dolor

Todos los miedos son producidos por algo amenazante.
Siento miedo… luego…
Estoy en peligro.
…
Todos los dolores están producidos por algo anormal, lesivo
Siento dolor… luego…
Algo tengo que tener donde duele.
…
Tendemos a construir afirmaciones tajantes, utilizando adverbios absolutos: todos, siempre, nunca…
No es fácil colocar adecuadamente el todos, siempre, nunca… pero es fundamental el rigor, la seguridad de que lo acoplamos a una afirmación correcta. De otro modo el adverbio nos pierde, nos encadena a una obstinación errónea.
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Todo dolor es la consecuencia de una valoración de amenaza
Siento dolor… luego…
El cerebro valora amenaza donde duele.
…
En este caso hemos hilado fino y podemos utilizar con propiedad y garantía el adverbio absoluto del todo.
Sentimos dolor luego el cerebro valora amenaza donde duele. Nuestras indagaciones pueden dar con un suceso necrótico, destructivo, en los tejidos o resultar felizmente infructuoso.
– No tiene usted nada luego su cerebro ha valorado erróneamente peligro de necrosis. Cuando hable con él, dígale que retire las cautelas.
La cultura sobre dolor utiliza el todo de forma inapropiada. Las reflexiones de la IASP (Asociación Internacional para el Estudio del Dolor) así lo reflejan.
Para los sesudos y consensuados expertos de la Academia del Dolor si cuando duele no encontramos un foco de nocividad, ello quiere decir que la anormalidad deducible no está en los tejidos sino en el individuo. Es decir, el dolor es de cuna psicológica.
Todo dolor es la consecuencia de algo anormal
Siente dolor y no encontramos causa física luego…
Su anormalidad es psicológica.
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En el modelo de organismo que opera en las Facultades de Medicina no se ha hilado fino. No se ha reflexionado sobre principios básicos neurofisiológicos. Los todos se han acoplado sin rigor.
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Toda percepción (y el dolor es una percepción) es el resultado de un proceso evaluativo.
Percibo dolor luego…
Mi cerebro me proyecta una valoración de amenaza incitándome a una conducta defensiva determinada…
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En la literatura sobre dolor es difícil encontrar la referencia a la cualidad perceptiva del dolor y, por ende, a su sustancia interpretativa, evaluativa.
– ¿Qué piensa sobre su dolor?
– YO no pienso. ¿Qué se piensa USTED que estoy pensando?
El ciudadano desconfía del verbo pensar cuando anda por medio su dolor. Sabe que si se confiesa pensante le cae el sanbenito de lo psicológico.
– No tiene usted nada.
– Entonces… ¿por qué duele?
– Puede que sea psicológico. Piense que no le duele y así dejará de dolerle.
La percepción es una función cerebral que se merece más atención por parte de los programas educativos. Si escolarizáramos a profesionales y ciudadanos adecuadamente sobre su significación nos ahorraríamos malentendidos.
– No tiene nada…
– O sea que mi cerebro ha construido una valoración errónea de peligro…
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¡Y usted que lo vea…!
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