Retoques

Cada especie tiene algo especial, específico. Elemental.
Homo sapiens (ma non troppo) es una especie luego también tiene su especificidad.
Muchos _sapiens (_m.n.t.) piensan que esa especificidad consiste en un valor añadido, un algo inmaterial, trascendente, que dota a los sapiens (m.n.t.) de capacidades ni siquiera esbozadas en el resto de las criaturas.
Para muchos sapiens (m.n.t.) _sapiens (_m.n.t.) tiene superpoderes, sobrenaturalidades. Es excepcional. No puede ser explicado con moléculas. Tiene que haber, necesariamente, algo más que química en sus entrañas.
Los investigadores corroboran esta sospecha al comprobar que nuestros procesos moleculares son, en gran medida, los mismos que, por ejemplo, los de las zanahorias, de donde se deduce que sólo con zanahorias queda todo lo específicamente humano sin explicar.
A la Evolución la química se le quedó corta hace unos 6 millones de años y se sacó de la manga una sustancia insustancial para poder completar el sueño de su proyecto estrella.
La sustancia insustancial emergió de la maraña de neuronas situadas en la parte más noble del cerebro, el lóbulo frontal, empujando la tapa de los sesos hacia adelante consiguiendo de este modo la cabeza cuadrada.
La cabeza cuadrada ha dado mucho de sí. Ciencia, Arte, Filosofía, Espiritualidad… y Autoayuda.
La provisión de serotonina, dopamina y endorfinas asignada por la animalidad quedaba corta para afrontar los ajetreos de la condición humana actual y sapiens (m.n.t.) se las ha ingeniado para autodotarse de la química necesaria para el día a día impuesto por su insustancialidad llovida del cielo.
Sapiens (m.n.t.), con una sencilla e ingeniosa maniobra química, la inhibición de la recaptación de serotonina (una broma de mal gusto evolutiva) ha conseguido que las neuronas dispongan de ese plus serotonínico necesario para retomar el orgullo de vivir.
La sustancia insustancial es de difícil control y tiende con frecuencia al exceso, a la autocomplacencia, a confundir el mundo real con el imaginado, al éxito mal digerido. Lo insustancial hace que sapiens (m.n.t.) olvide que está hecho también de sustancia, de carnalidad molecular. Los excesos insustanciales encuentran en la dopamina a su necesario colaborador químico.
Costó pero también está conseguido. La clave es el antagonismo, llevar la contraria a la chapuza sustancial. ¿Falta serotonina? Se pone. ¿Sobra dopamina? Se antagoniza.
Sapiens (m.n.t.) descansa en el séptimo día de su gran obra retocadora. Tiene ya la serotonina y dopamina justa, la que él decida, la necesaria para ajustar déficits y excesos.
Siempre hay disconformes, demandantes, desagradecidos… sapiens (m.n.t.) que siguen quejándose de que no pueden ni con el cuerpo ni con la sinsustancia.
Sapiens (m.n.t.) anda desconcertado. Algo no acaba de ir bien para algunos. Puede que sean sus genes desvariados o pusilánimes o alguna infección oculta o quizás, otra vez los miasmas, efluvios malsanos que el propio sapiens vierte al aire que sigue necesitando para sobrevivir, a pesar de su insustancialidad… o quizás a causa de ella…
Quizás sea su corteza prefrontal… Quizás no fue una buena idea sobredimensionarla…
Se admiten ideas y propuestas…
Todo se andará.
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