Arturo Goicoechea

¿Copia eferente?... No me suena...

Arturo Goicoechea · · Actualizado:

Facilito a los pacientes con dolor información sobre “cerebro y dolor” una vez me han manifestado su interés por conocer los procesos neuronales que lo generan.

Se llevan para casa unos folios de contenido algo denso que les obliga a un pequeño esfuerzo de concentración.

– ¿Ha leído los folios?

– Sí, me han parecido muy interesantes

– ¿Podría resumirme, de forma simple, las ideas fundamentales?

– Mmm… pues… hace tiempo que los leí… ya no me acuerdo

– Lo fundamental es que el dolor es siempre una respuesta normal a lo que el cerebro considera como una amenaza.

– Eso es. No sabía expresarlo, pero sí, tengo la idea captada.

– ¿Qué me dice de la copia eferente?

– Ni idea. Ni siquiera me suena…

Cuando estamos inmersos en un proceso de reprogramación o aprendizaje, el primer paso es percatarnos de la ignorancia. Darnos cuenta de que ignoramos algo, ser conscientes de ello. Es un paso teóricamente sencillo pero, en la práctica, complicado. Las creencias organizan un sistema cerrado, protegido, amurallado, autocomplaciente. Cualquier referencia externa a la ignorancia puede producir un efecto reflejo de retraimiento de las convicciones.

– Cierra la muralla. Nos atacan… Dicen que no sabemos… que estamos equivocados…

Una vez percatados de nuestras carencias y/o errores se debe reforzar esa convicción, apuntalarla, organizar y proteger un espacio vacío, destinado a ser rellenado con nuevo conocimiento. El espacio vacío exige, en ocasiones, eliminar convicciones o, al menos, pedirles que hagan sitio…

Espacio reservado para nuevas ideas, no utilizar.

Proteger los espacios vacíos cerebrales es complicado. El cerebro tiene la pulsión biológica a rellenar todo y lo hace con lo que ya tiene construido. Hay veces que esos espacios habilitados para nuevas ideas se ocupan tras una conversación en una pescadería… con los tópicos habituales sobre dolor. Las ideas antiguas, las de toda la vida, las de casa, incómodas con el anuncio de la llegada de emigrantes se organizan y derriban las vallas de protección.

Si tenemos suerte y el espacio vacío sigue disponible colocamos los nuevos conceptos con hilvanes con la recomendación de que deben protegerse hasta que arraiguen, hasta que se produzca el zurcido definitivo. Debemos ser conscientes de que lo novedoso es de natural frágil y que debemos cuidarlo si queremos que eche raíces.

Si la nueva idea ha arraigado podemos olvidarnos de ella, sabiendo que anda ahí y que ya forma parte del colectivo aunque no seamos capaces de identificarla por su nombre. Hay buen rollo.

– ¿Copia eferente? No recuerdo…

– Sí hombre… lo del grillo… las cosquillas…

– Ah sí… recuerdo que leí algo sobre grillos y que no podemos hacernos cosquillas.

– Bueno, algo es algo… le suena… pero ¿cuál es la idea?

– En este momento no recuerdo. Ya le he dicho que leí los folios hace tiempo…

Hay veces que recordamos los nombres sin que estos nos digan nada y otras en las que nos quedamos con la sustancia de algo aunque no recordemos su nombre. Otras no recordamos ninguna de las dos: ni el qué ni cómo se llama.

La idea de la copia eferente es sencilla y potente: el cerebro conoce, de antemano, las consecuencias de las acciones que decide poner en marcha y si estas acciones son irrelevantes, filtra la salida a la conciencia los efectos que producen, no les presta atención. Es como si no sucediera nada.

– Mientras he estado entretenida no me he dado cuenta de que me dolía…

Cada acción en cada momento está evaluada.

¿No hay relevancia? Fíltrese.

¿Se teme alguna consecuencia? Elimínense filtros y atentos a lo que pueda pasar. ¡Alerta nociceptiva! Los huesos están desgastados, las articulaciones rozan, los nervios pueden pinzarse, los músculos agarrotarse. Tenemos estrés, hace viento…

– ¿Copia eferente? Sí, por supuesto. Es una idea que me fascinó y me atrapó desde el primer momento. Es lo que quita importancia a lo intrascendente y nos libra de prestarle atención. Es lo que nos permite levantarnos, andar, correr, saltar, bailar… sin miedo y, por tanto, sin dolor… Es lo que me ha permitido quitarme esa losa de organismo enfermo, vulnerable, frágil… y dedicarme en cuerpo y alma a bailar…

Sucede pocas veces, pero, hay pacientes que captan la importancia de las ideas. Las entienden, las creen, las aplican y las bien-dicen y bien-recuerdan.

Gracias Lurdes…

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