No consigo hacerme cosquillas (copia eferente)

Podríamos matar el tiempo partíéndonos el lomo a carcajadas haciéndonos cosquillas. Risoterapia a demanda, sin límite y sin costos.
Podríamos… pero habría que utilizar algunos trucos. Por ejemplo, utilizar un dispositivo que recogiera nuestros movimientos de la mano y los trasladara a la zona a cosquillear algo distorsionados, en tiempo y/o en espacio. De este modo, los estímulos no se corresponderían con los movimientos aplicados y el cerebro los interpretaría como procedentes de un agente externo.
Lo más eficaz es pedir a alguien que nos estimule la planta del pie. El cerebro no puede predecir la secuencia motora y se le escapa la percepción cosquillosa. Cuanto más quiera uno concentrarse en evitarla, más intensa será hasta convertirse en un acceso incontenible y desesperante.
El cerebro tiene cogida la medida a cada una de nuestras acciones y filtra sus consecuencias sensoriales, cuando no tienen relevancia, según su criterio. Nuestras opiniones cuentan pero no son decisorias. No basta con pensar: “voy a hacerme cosquillas” para conseguirlo. Se precisaría un intensivo plan de entrenamiento al autocosquilleo de resultado incierto y que exigiría un esfuerzo considerable, digno de mejor causa.
La copia eferente anula el propósito cosquilleril del individuo. Desatiende el propósito buscado con el movimiento de la mano sobre el pie. El cerebro no es un mandado. Puede ser incauto, cándido, sugestionable, irracional, miedica… todo menos un mandado. En asuntos de interior aplica sus criterios.
Los pacientes con esquizofrenia sí pueden hacerse cosquillas. No funciona correctamente el mecanismo de la copia eferente. La percepción del YO no está bien desarrollada y su cerebro no consigue construir el sentido de agencia de lo que sucede en el organismo. Es como si las acciones que uno ejecuta provinieran de otro YO infiltrado que usurpa las decisiones y utiliza las manos y los pies para hacerse cosquillas.
La mano que cosquillea lo hace por voluntad ajena. Es propiedad del paciente pero la decisión está robada por algo intruso, alguna instancia que utiliza el cuerpo a su antojo.
Tampoco podemos producirnos dolor al levantarnos, andar, correr y saltar (en ausencia de daño). La copia eferente nos impide transformar las señales mecánicas en percepción de dolor.
Los pacientes con dolor crónico y alerta nociceptiva pueden conseguir el dolor fácilmente. No tienen mas que moverse, trabajar con el ordenador, exponerse a un día soleado o ventoso, comer chocolate, andar algo estresados… El cerebro desactiva el filtrado de la copia pues considera que algo intruso, una disfunción, enfermedad o lesión anda dentro, a consecuencia de nuestras acciones (desencadenantes). Dónde, cuándo, cuánto y cómo es cuestión de archivos y memorias predictivas cerebrales.
Recuerde: copia eferente, copia eferente, copia eferente…
Filtros, amplificadores, filtros, amplificadores…
En definitiva: evaluaciones cerebrales.
Dicen que el cerebro anda averiado y que procesa mal la información. Para mí que, para desgracia de muchos, procesa excelentemente mala información. De ahí la dificultad en gestionar la copia eferente.
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