Erase una vez un grillo que no podía cantar porque oía su cri-cri (disfunción de copia eferente)

Los grillos tienen la extraña costumbre de expresar sus estados pasionales vibrando y friccionando frenéticamente sus alas en las noches calurosas de verano. Esta acción consigue extrañamente los favores de las grillas. La enérgica acción sobre las alas produce vibraciones mágicas que llegan a la rodilla de las patas anteriores de la grilla, donde existe un tímpano que las recoge y enciende ocasionalmente su instinto reproductor induciéndole a acercarse a la fuente de esas arrebatadoras vibraciones y a copular con el ejecutante.
Homo sapiens (ma non troppo) tiene noticia de estos juegos amorosos a través de la conversión de esas mágicas y apremiantes vibraciones en un sonido descrito convencionalmente como cri-cri.
No todos los cri-cris son iguales. Los hay que indican; simplemente: “estoy aqui”. Otros “eres la grilla con quien siempre soñé”, “esa grilla es para mí” o “te vas a enterar”.
Sólo cantan los machos. Las grillas escuchan con sus rodillas y deciden…
La fricción de las alas produce una vibración que impacta en el tímpano de la rodilla delantera del “cantante”. Si la aplicáramos a nuestro equivalente timpánico percibiríamos un sonido de 100 decibelios.
Si el grillo oyera su vibración tendría un insoportable cri-cri que le haría insufrible friccionar sus alas. Probablemente dejaría de hacerlo, perdiendo así el favor de las grillas.
Afortunadamente para el grillo hay una neurona que le toma la medida a esas vibraciones, las reconoce como generadas por una acción decidida por el propio grillo y las filtra. Anula las señales que recoge la neurona sensorial del tímpano de la rodilla. De esta manera, “oye” los cri-cris ajenos pero no los propios.
El grillo enamorado vibra sus alas pero no oye más cri-cris que los de sus rivales.
Hay grillos (de ficción) que no pueden “cantar” pues oyen su propio cri-cri.
– ¿Por qué no cantas?
– No puedo. Cada vez que lo intento, oigo un espantoso cri-cri que me retumba aquí en la rodilla y me vuelve loco. Es incluso doloroso. ¡Qué más quisiera yo que poder cantar, estando como estamos en verano…!
– ¿Qué te dicen los médicos?
– No me encuentra nada. Dicen que es psicológico.
…
El circuito de la copia eferente permite filtrar las consecuencias de las acciones propias sin interferir con la recepción de los estímulos generados por acciones ajenas o por sucesos no esperados y controlados (por ejemplo, necrosis). Las acciones propias, como las vibraciones de las alas del grillo, no generan dolor (dentro de unos límites de seguridad tisular), porque se filtran las señales que se generan en los receptores mecánicos. Si se quita el filtro, las acciones serán dolorosas. Oiremos el cri-cri.
El cerebro gestiona el estado de la función de la copia eferente. Puede mantenerlo en posición filtro o en la contraria: sensibilización… alerta… previsión de daño… conversión del movimiento en dolor…
El grillo que no podía cantar porque oía un cri-cri estaba sensibilizado a las consecuencias que la acción de friccionar las alas podría tener sobre el organismo. Estaba sensibilizado frente a sus propias acciones. Era su “cerebro” el que atribuía una consecuencia dañina sobre el interior o sobre el propio grillo si se lanzara a la competición por los favores de las grillas.
Homo sapiens (ma non troppo) puede oir también su cri-cri. No hay mas que centrar la atención en oirlo en un ambiente silencioso. Es el primer ejercicio en meditación. El interior genera vibraciones, señales… que habitualmente están filtradas. En algunos casos el cerebro dirige la atención a los sucesos internos y aparecen en la pantalla consciente ruidos de todo tipo. Los médicos les llaman acúfenos. Los pacientes se refieren a ellos como “ruidos en la cabeza”.
Si el cerebro deja de filtrar las señales generadas por acciones propias y las sensibiliza puede ser un infierno vivir en un organismo que amplifica todo lo que hacemos (o pensamos hacer) o sus propios trajines internos.
…
– ¿Qué pasó con el grillo de la historia…?
– Puede imaginarlo. Ponga usted mismo el final…
Comentarios (14)
Los comentarios están cerrados.