Copia eferente y dolor
Hay conceptos básicos de neurofisiología, absolutamente imprescindibles para comprender el funcionamiento del organismo y, más específicamente, para entender la interacción organismo-individuo, la forma en que el cerebro presenta a la consciencia sus evaluaciones sobre la realidad, externa e interna.
Uno de esos conceptos básicos es el de **copia eferente.**Lo que percibimos es lo que el cerebro decide que percibamos, aquello que, según sus evaluaciones, tiene más relevancia. Con objeto de resaltar lo interesante filtra lo irrelevante, lo difumina convirtiéndolo en un fondo apenas percibido sobre el que resalta lo que quiere resaltar.
El proceso de filtrar o difuminar lo irrelevante es posible gracias a que el cerebro puede predecir los efectos de sus acciones: si levanto la cabeza del suelo y miro para arriba el cerebro sabe que el suelo desaparece del campo visual y que irán apareciendo las paredes y finalmente el techo. La zona cerebral que construye el programa que lleva la cabeza hacia arriba contiene ya la información sobre los efectos sensoriales que se van a producir. Cada acción lleva consigo esa información sobre consecuencias sensoriales. Si estas consecuencias son irrelevantes, el cerebro no les presta atención y pasan desapercibidas por el individuo.
La información sobre efectos sensoriales anticipados se denomina copia eferente.
– Te mando al chaval a que recoja el paquete.
(suena el timbre, al cabo de un rato)
-¿Eres tú Manolito?
Cada vez que nos movemos se producen estímulos mecánicos, visuales, sonoros, olfativos… Elevar un brazo genera tensiones en músculos, tendones, articulaciones… El cerebro guarda memoria de todos esos estímulos y los anticipa. Si no hay ninguna previsión de relevancia (daño, por ejemplo) toda esa carga estimular mecánica se filtra y no notamos el esfuerzo de elevar el brazo.
Cuando hay una evaluación de amenaza imaginada el cerebro fija su atención en las consecuencias sensoriales de las acciones, les concede relevancia. Cualquier intención de realizar una acción activará una copia ya no de estímulos reales sino imaginados, los que teme se produzcan. La función filtro está suspendida y en su lugar se amplifica la generación y tráfico de señales mecánicas. El resultado es que se proyecta a la conciencia dolor aun cuando no se haya producido ninguna lesión. El dolor retroalimenta positivamente (confirma erróneamente) la previsión de daño y el proceso de amplificación continúa.
La percepción de normalidad sólo se consigue cuando el cerebro elimina la relevancia de nuestras acciones, las filtra porque no contienen peligro ni interés.
El que la copia eferente se encuentre en estado de irrelevancia o en alerta depende de la evaluación producida en el conjunto de las zonas cerebrales. Una de ellas es la corteza prefrontal, donde se da o se quita trascendencia a la información. Desde la corteza prefrontal se decide si las acciones contienen o no peligrosidad.
Un cuerpo en movimiento puede filtrar todos los estímulos mecánicos y estar libre de dolor. Si el cerebro evalúa peligro pondrá amplificadores en vez de filtros.
– Dicen que hay una banda de ladrones. Llaman al portero y te engañan diciendo que vienen a revisar el gas…
(suena el timbre)
– ¡No abras!
Recuerde: copia eferente…
Comentarios (4)
Los comentarios están cerrados.