Escuelas del dolor

En muchas ocasiones la práctica médica adquiere un formato pedagógico. El doctor se convierte en profe, el paciente en alumno y la consulta en un aula. La terapia cede su protagonismo al aprendizaje.
– ¿Qué espera de esta consulta: entender por qué le duele o que le libremos del dolor?
– Las dos cosas
– Imagine que sólo podemos conseguir uno de los dos objetivos: entender o librarse del dolor.
Generalmente los pacientes optan por la terapia, renunciando a la docencia.
– Lo siento, pero en este tema es necesaria la docencia. De otro modo no conseguiremos eliminar el dolor. Tiene que entender lo que sucede pues necesitamos su colaboración. Un diabético debe conocer la diabetes y un paciente con dolor (no asociado a daño) debe conocer el por qué de un sufrimiento intenso, continuado e innecesario. Tiene que estudiar.
Los pacientes se avienen con entusiasmo variable (desde el cero al infinito) a escuchar las explicaciones. Conviene un término medio ya que los dos extremos (el vago y el empollón) son viciosos.
Convertir la consulta en un aula ahuyenta un buen porcentaje de pacientes. Con los que quedan se obtienen resultados variables, como en cualquier aula.
El mayor enemigo del proceso escolar son las prisas.
– Bien. Entonces, ¿qué hago cuando me duela?
– Deberá tomar la decisión que considere más conveniente una vez sepa lo que está sucediendo en su organismo. No se precipite. La solución viene de la mano del conocimiento. Debe aprender a decidir sobre la base de lo que haya aprendido.
Los pacientes-alumnos se resisten a abandonar la esperanza en la terapia.
– Suponga que ya he entendido todo lo que usted me explica. Luego me dará unas pautas, un método para eliminar el dolor…
– No hay métodos ni pautas. Sólo aprendizaje, teórico y práctico. Para el dolor de cabeza sólo hay teoría, imaginación, convicciones. No hay músculos contracturados, articulaciones bloqueadas ni desgastes. Para el dolor de aparato locomotor necesitará un tutor del movimiento, un fisioterapeuta versado en el tema. Alguien que conozca la técnica del bien moverse. Ello incluye correcciones manuales, consejos y ejercicios pero también explicaciones sobre músculos, articulaciones, fascias, puntos miofasciales… y neuronas.
-¿Cómo sabré que he aprendido lo necesario?
– Cuando esté convencido de que habita un organismo razonablemente sano, gestionado por un cerebro equivocado, que se empeña en limitar sus acciones por miedo a destrozos internos. Entonces le daremos el certificado de aptitud.
– ¿Y si me sigue doliendo…?
– Tendremos que analizar las causas del fracaso escolar…
El motivo más frecuente es que el alumno piensa que el profe está equivocado, que “lo del dolor” no puede ser lo que oye en esa extraña aula.
– Esto no se va a curar sólo con explicaciones, sin terapias.
– Le recuerdo que esto es un aula no una consulta. Olvide las terapias.
– No puedo. Ahora mismo me está doliendo.
…
La escuela de la Biología del dolor que se pretende tiene que superar el obstáculo a veces insalvable de la escuela en la que empezamos a educarnos al poco de nacer, aspirando sin darnos cuenta la información que contienen nuestras experiencias, la observación de las ajenas y la escucha de los variopintos y contradictorios mensajes de los expertos sobre sus terapias.
– Esto a mi no me sirve. No estoy para perder el tiempo oyendo especulaciones filosóficas sobre el dolor…
– ¿Por qué no pruebas con la operación esa de Suiza? Conozco a una que ha ido y está encantada…
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