El cerebro es muy complejo. Me convence más...

Con las explicaciones sobre el papel de la red neuronal en la gestión de los programas de dolor, cansancio y desánimo pasa lo que con las comidas. Si vamos a un restaurante pensando en comida tradicional y el chef nos sirve un plato de apariencia exótica y sabor inusual puede que nos comamos los ingredientes más o menos conocidos y apreciados y dejemos el resto esparcido por el plato… tratando de disimular…
Los pacientes esperan explicaciones coherentes con sus expectativas y al encontrarse con ideas “raras”, reculan, cierran la boca y no hay forma de que la abran para probar bocado.
– No me ha convencido. Es muy complicado.
El cerebro tiene el sanbenito exclusivo de órgano complejo e inaccesible. No apetece probarlo.
El resto del organismo y su interacción con el entorno se entiende bien: huesos descalcificados, articulaciones rugosas, músculos cansados, serotoninas, genes, hormonas, infecciones mal curadas, tóxicos ambientales, dietas, defensas, males de ojo, meridianos energéticos, la homeopatía, emociones mal gestionadas, fármacos, hierbas, el diafragma, vértebras montadas, nudos, tendones cogidos, nervios pinzados, vientos y humedades, cuartos menguantes, conjunciones astrales…
Eso se entiende bien. Duelen aunque no dañen… curiosa propiedad, al parecer, no necesitada de más explicaciones que la de su enunciación.
– Me duele pero es que ha salido viento Sur…
Ningún problema. Todo explicado. Sin complicaciones.
La cultura sapiens (ma non troppo) sobre organismo y sus vulnerabilidades contiene un curioso conjunto de dogmas a la carta. Una vez seleccionados por el infalible mecanismo de su simplicidad y aparente utilidad se defienden contra viento y marea como si de los colores de un club de fútbol se tratara.
– “Soy d’er Beti manque pierda”
– “Soy de los cambios de tiempo manque duelan”
Francis Crick estableció en 1970 el “Dogma Central de la Biología”: la información sólo va del ADN al ARN y a la proteína. Todo está en el genoma. Allí está el “libro de la vida”…
Al Dogma Central le han encontrado grietas y no parece tan sólido como presumía Crick. Probablemente es falso (eso dicen cada vez más voces autorizadas).
Los dogmas de la Ciencia duran poco, cada vez menos. Como para fiarse…
Los dogmas culturales disfrutan de una salud sobrenatural. Nada prevalece contra ellos. Parecen fortalecerse con el paso de los milenios… Dan más seguridad.
– Lo dijeron ya los babilonios que son los que realmente sabían…
– ¿Dolor y cerebro? ¿Pero qué me dice? Usted no se ha enterado. Son los genes…
Hay un interesante número de la revista Annals Of the New York Academy of Science 1178, 6-28 (2009). Describe el comportamiento de una colonia de bacterias en condiciones inciertas como un organismo pluricelular, con información, procesamiento, cognición y toma de decisión. La conducta de la colonia no es explicable por el genoma sino por la información que emerge de la interacción de los miembros de la colonia con el entorno y entre ellos mismos. El genoma no contiene, prefijadas, las respuestas.
Los genes no sirven para explicar por sí mismos la conducta de una colonia en una placa de Petri de un laboratorio pero, por lo que se dice, sí para dejar todo meridianamente claro respecto a la conducta de sapiens (m.n.t.).
La genética bacteriana incluye mecanismos de interacción con el entorno que permiten aprender a aprender.
Por lo visto Homo sapiens sapiens no necesita aprender a aprender porque sabe que saben todo sus tutores favoritos. Dicen los más “científicos” que se va sabiendo que son los genes los que se lo saben ya todo y toman las decisiones correctas, si son los adecuados. Ya prometen tiendas genómicas donde podremos actualizar nuestra tarjeta adaptándola a las nuevas maravillas de la ingeniería genética… Todo el genoma a rebosar de genes exclusivos, sabiondos.
Las bacterias nos van a ganar la partida porque saben que no saben y se dejan aprender.
A nosotros se nos está olvidando aprender… y que para eso hay que estudiar, equivocarse y corregir. Aprender a desaprender lo aprendido, lo señalado por los dogmas de la cultura.
P.D.
Hay un extraño caso de supervivencia de un dogma aparentemente científico pero posiblemente cultural: el Dogma-til. Afloró allá por 1960 y sigue más vivo que nunca a pesar de la competencia de fármacos más fundamentados, sustentado por un axioma inamovible para el clínico:
Mareo = Dogma-til
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