Programación motora

Las neuronas aparecen evolutivamente para garantizar la supervivencia a las especies que han optado por el movimiento como estrategia. Los vegetales no tienen neuronas. No las necesitan. Son seres vivos estáticos.
La infraestructura neuronal del movimiento es compleja. Podemos considerarnos como una marioneta con múltiples segmentos rígidos tirados por cuerdas. Hay varias manos que mueven los hilos de forma coordinada. Esas manos están ubicadas en centros neuronales de complejidad creciente desde la médula espinal al circuito córticotalámico pasando por troncoencéfalo y subcorteza.
El individuo no mueve los hilos. Se limita a proponer deseos: “quiero beber agua de la botella”, “voy a levantarme”… Cada propósito del individuo activa un programa motor que coordina las manos de la marioneta a todos los niveles para facilitar la solicitud de llevar la botella a los labios o incorporarse sin que ello implique riesgos para la integridad física y con el máximo de economía posible.
A lo largo del aprendizaje la red neuronal va elaborando por ensayo-error cada uno de los programas que satisfarán nuestros propósitos motores, sin perder nunca de vista las dos premisas básicas: evitación de daño a los tejidos y bajos costos energéticos.
El individuo propone y la red neuronal dispone.
La programación y ejecución motora no es comprensible sin pensar en todo tipo de componentes electrónicos e informáticos: por ejemplo, sensores, circuitos motores elementales y bucles de retroalimentación. Tampoco es comprensible sin un proceso de aprendizaje en el que se toma la medida al propio cuerpo mientras interactúa con objetos externos, estáticos y/o dinámicos, dentro de un campo gravitatorio y electromagnético (luz-visión). Lo aprendido queda memorizado para aplicarlo, con afán de mejora, en próximos intentos.
Una parte importante de la programación motora es la evaluación de riesgos, costes y beneficios. El programa motor estará influido por el balance que en cada instante realiza la red neuronal. Los deseos motores del individuo pueden contar con el beneplácito neuronal, en cuyo caso se edita un programa de calidad en la relación coste-beneficio o, por el contrario, ser valorados con recelo por atribuírseles riesgo o pocas posibilidades de éxito. En este caso la red libera un programa preventivo protector cuyo objetivo es proteger la zona implicada, caso de que el individuo insista en lograr su propósito, por ejemplo, de levantarse…
Una parte fundamental de los programas motores es la percepción que la red les acopla para guiar la conducta y deseos del individuo. La ejecución del movimiento puede estar promovida y resultar placentera o desautorizada, con percepción de desgana y dolorimiento.
Lo que percibimos refleja la evaluación que el cerebro aplica a nuestros propósitos motores, a nuestras acciones.
El dolor y la desgana motora son componentes del programa motor cuando existe una evaluación de desautorización.
El componente perceptivo de las acciones se construye y memoriza, también, en el aprendizaje.
Cognición, emoción, percepción y acción son componentes fuertemente integrados de la motricidad, de todos y cada uno de los programas motores que la red construye para promover o limitar nuestros deseos.
A la hora de analizar cualquier incidencia de dolor, y, muy especialmente, en el dolor crónico, no debemos perder de vista el componente evaluativo-emocional desde la perspectiva de la red neuronal.
El dolor y la desgana motora contienen siempre una desautorización al movimiento. Si queremos resolver el problema del dolor tenemos que ocuparnos de la evaluación operante en la red.
Huesos, músculos, articulaciones, fascias, energía… por supuesto … pero también programas con su evaluación incorporada.
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