Chapuzas a domicilio
Hay una cultura muy extendida que niega al organismo la capacidad de reparar las lesiones debidamente.
Una vez que se pierde la delicada estructura interna a consecuencia de un desgarro, fractura o compresión, pensamos que lo más probable es que la maldita inflamación deje la zona hecha un asco con un amasijo informe de tejido fibroso en el que nervios, tendones y músculos quedan atrapados, anudados y pinzados.
Es lógico, por tanto, que al intentar reanudar la actividad de la zona previamente mortificada aparezca el dolor. El movimiento tira, pinza y comprime tejidos “en carne viva” a los que se les supone un estado irreversible de hipersensibilidad.
Para evitar la chapuza es fundamental apagar rápidamente el fuego inflamatorio con bolsas de hielo y antinflamatorios, inmovilizar el lugar con compresiones, vendajes y collarines y meter el miedo al movimiento en la mente del individuo. Aún así, no podemos evitar siempre el desaguisado.
El dolor es el indicador fiable de lo que allí dentro sucede. No lo podemos ver pero sí imaginar y es lo que hacemos… imaginar lo peor, lo que temíamos… las carnes vivas, los tendones montados y los nervios cogidos…
Eso es lo que nos han enseñado a pensar que sucede…
El tema del dolor crónico inexplicable es sencillo: basta con dar la vuelta a la tortilla. Lo que sucede, realmente, es justo lo contrario de lo que nos han enseñado a imaginar.
El organismo repara exquisitamente bien las lesiones.
La inflamación debe ser bendecida y respetada (salvo excesos ocasionales).
El movimiento no debe ser requisado y se debe sacar el miedo de la mente.
Los tejidos vuelven a recuperar la estructura inicial y el cerebro va adaptando progresivamente los programas motores, en función de la evolución de la zona lesionada.
La fibrosis es un buen remiendo para suplir la imposibilidad de reproducir tejidos nobles y no tiene por qué atrapar, asfixiar ni impedir nada.
El dolor sería, efectivamente, un buen indicador del estado de la reparación de la lesión si, y sólo si, elimináramos previamente ese mundo imaginativo que paraliza al cerebro con el miedo a las carnes vivas, fibrosis y tendones y nervios cogidos y montados…
Recuerde el axioma básico del dolor:
El dolor es siempre una respuesta normal a lo que el cerebro considera una situación de amenaza.
Confíe en el servicio de mantenimiento y reparación del organismo. Ha superado las exigentes pruebas de la selección natural.
Mantenga un saludable escepticismo sobre los mensajes que alimentan la teoría de la chapucería interna y la eficacia de la acción experta.
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