El disputado voto de las creencias

Llevo ya 32 años de neurólogo titulado atendiendo pacientes con dolor de cabeza. Siempre me ha interesado el mundillo de las causas, vistas desde la perspectiva del propio paciente y la de los médicos que le han atendido:
– ¿A qué lo achaca? ¿Qué le han dicho los médicos… (y la vecina o el cuñado…)?
La mayoría de los pacientes no tenían configurada una teoría convincente:
– No sé. Usted es el doctor. A veces me duele estando tan tranquilo…
Era más productiva la pregunta sobre teorías de los profesionales:
– El oculista me dijo que podía ser de la vista. Me puse unas gafas pero no me “hicieron nada…” El dentista me quitó la muela del juicio… el otorrino dijo que era sinusitis… el maxilofacial que masticaba mal… el psicólogo que tenía estrés… el neurólogo que eran los genes y las tensiones… el trauma que de la columna… el fisio las contracturas… el osteópata las vértebras fuera de su sitio, el brujo un tendón montado…el ginecólogo que para él podían ser las hormonas… el alergólogo la alergia… La pescatera me dijo que era el tiempo y el cuñado me comentó que había leido en internet…
En estos años mis credos sobre origen del dolor (sin daño necrótico detectable) han ido evolucionando. Siempre en una atmósfera de cierto misterio no desvelado por la Ciencia del momento (a pesar de los avances espectaculares de los últimos años…) pisaban fuerte los vasos (la circulación), los nervios, la genética, los desánimos y la manipulación (“lo siento cariño, me duele la cabeza…” ).
En ningún momento se me pasaba por la cabeza pensar que las creencias pudieran estar implicadas. En esa época los neurólogos pensaban que el cerebro no intervenía en la generación del dolor y sólo implicaban a sus forros (del paciente, claro. Es decir: músculos, cráneo, meninges y sus grandes vasos). El dolor aparecía porque los forros andaban irritados-inflamados o los músculos del cráneo estaban acalambrados por el estrés (tensión muscular).
Confieso que he creído cuanto me enseñaron libros y revistas… anglosajonas. El inglés daba un toque solemne de credibilidad a los contenidos.
Me sentía confortable en mi posición de neurólogo (el que sabe de esto…) apreciando mis conocimientos y des(a)preciando con un toque indulgente las propuestas ajenas. El cafergot y el sandomigran obraban maravillas en la migraña y los ansiolíticos y antidepresivos en las “cefaleas tensionales”.
El mundo del dolor de cabeza estaba bien organizado tanto en orígenes (genes y/o nervios) como en soluciones (vasoconstrictores y/o ánimodilatadores).
No recuerdo bien los pasos de mi descreimiento. No sé si los nuevos credos expulsaron a los antiguos o se hizo primero el vacío y el famoso horror vacui aspiró algún texto que casualmente pasaba por allí (serendipia). El caso es que ahora creo en las creencias y me dedico a clasificarlas en falsas y verdaderas.
A los pacientes no siempre les preocupa que lo que crean sea “verdad” (la verdad “verdadera”) o, simplemente, funcione (la verdad operativa).
Al criterio de verdad de los profesionales le pasa lo que (según dicen) al dolor: le afecta el cambio del tiempo, lo que en cada momento y lugar dicte el oportunismo de las doctrinas que justifican las prácticas de cada cual.
Dicen que los antiguos trepanaban la cabeza para dar salida a los malos espíritus, responsables de todo tipo de disturbios (incluido el dolor), aunque es algo que también se discute.
Parece que se vuelven a llevar los trépanos. Dicen que agujerearse el melón mejora el riego y ha habido incluso quien se lo ha perforado ante el espejo con un trépano de dentista y, lleno de fervor socializante exige que la Seguridad Social se haga cargo de las cargas…
El cerebro aspira todos los credos que encuentra y cuando el músculo duerme la ambición de las doctrinas por hacerse con el poder de las decisiones cabalga. El premio Nobel Gerald Edelman acuñó el término: darwinismo neuronal para describir el universo competitivo en el que unas ideas se asocian con otras para disputar el poder a las contrarias. Cada punto de conexión es un feroz campo de batalla. Si el punto no recibe señales… desaparece.
En este mundo (neuronal) traidor nada es verdad ni es mentira… todo depende del especialista que te mira…
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