El saber ocupa lugar

La percepción es una interpretación de la realidad por parte del cerebro. Si vemos una casa o una persona es porque el cerebro piensa que es la opción más probable. A veces la información facilitada por los sentidos es rotunda y hay pocas posibilidades de error pero no siempre las condiciones del entorno permiten definir con claridad el qué y el dónde. En estos casos el cerebro tiene que echar mano de sus archivos y apostar por la hipótesis más convincente.
El interior es siempre complicado de interpretar. El cerebro guarda memoria de sucesos nocivos previos propios , relatos y observaciones de daños ajenos y, sobre todo, información experta sobre posibilidades de sucesos futuros.
El interior es incierto y la tendencia alarmista consustancial a la función vigilante cerebral facilita el cultivo de “corazonadas” y malos augurios. La irracionalidad está servida.
Homo sapiens (ma non troppo) sabe,haciendo honor a su nombre, que puede enfermar y que esta vida se acaba. También sabe que los tejidos envejecen y pierden calidad, que los huesos y articulaciones se “desgastan”, que las cargas y penurias físicas y psicológicas pasan factura, que lleva mala vida, que se agobia y preocupa en exceso, que habita un entorno con demasiados “cambios de tiempo”, con excesivas humedades y vientos insanos.
Sapiens (ma non troppo) sabe demasiado. Su cerebro está rebosante de saberes recogidos en todas las esquinas de lo cotidiano. No le sorprende, por eso, el dolor de cabeza y de “cervicales”, las contracturas, el cansancio, el insommio, la espesura mental y el desánimo.
Sapiens (ma non troppo) se sabe vulnerable y procura estirar su frágil futuro con dietas, gimnasios, meditaciones, brebajes y conjuros pero la máquina no chuta. El dolorimiento testifica la pelea inútil contra lo inevitable.
Sapiens (ma non troppo) sabe que el dolor, el cansancio y la resonancia certifican la degeneración adelantada de huesos y juntas.
Sapiens (ma non troppo) sabe muchas cosas pero ignora la fundamental: que, muchas veces, la percepción construye ficciones, pesadillas… probabilidades, temores…
La enfermedad es, en ocasiones, sueño cerebral. El organismo está razonablemente sano pero proyecta en la consciencia percepción de enfermedad.
– Está usted sano. Los síntomas corresponden a una pesadilla cerebral. Despierte a su cerebro. Hágale ver que está soñando. Tranquilícelo.
Muchos padecientes sanos no se convencen de que su padecimiento corresponde a una pesadilla cerebral. Se sienten y se saben enfermos. Tienen migrañas, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, artrosis, poco calcio, colesterol, cervicales, mala circulación y estrés…
Escribo todo esto desde Alcalá de Henares. Dentro de un par de horas escucharé a Lorimer Moseley, un sapiens australiano, experto en cerebro y dolor que sabe que el dolor “de la columna” se cuece en el cerebro. El programa de su escuela de columna habla de neuronas y deja de lado el esqueleto.
“…todo dolor es siempre una respuesta normal a lo que el cerebro considera una amenaza”
El saber ocupa siempre lugar tanto sea verdadero como falso. Moseley sabe que un buen conocimiento sobre huesos, músculos, articulaciones, tendones y neuronas, poniendo a cada uno en su sitio, es el mejor remedio frente al sufrimiento.
Conocer un mínimo sobre funciones y responsabilidades de nuestro cerebro es necesario en los tiempos que corren. Rectificar es de sabios.
Mañana les contaré lo que nos ha contado el sabio australiano.
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