Memoria de futuro

Como propietarios y usuarios de nuestro cuerpo nos hacemos una vaga y esquemática idea de sus componentes. Interiorizamos el fuelle torácico, la bomba cardíaca, los conductos circulatorios, el filtro renal, la protección cutánea, los sentidos, “las defensas”…
Curiosamente no disponemos de ninguna representación simple, interiorizada de la red neuronal, de su trabajo. Nos sentimos sintiendo y ese sentimiento de sentir lo atribuimos a esa cosa indefinible, llena de presencia, que llamamos YO pero no le acoplamos la convicción sobreentendida de una actividad necesaria de cachivaches electrónicos e informáticos, circuitos y programas.
Los padecientes nunca piensan que detrás de un síntoma hay una estructura neuronal. Huesos desgastados, articulaciones inflamadas, músculos exhaustos, tendones montados, ánimos desbordados, temperamentos desasosegados, energías poco amistosas, espíritus, karmas… cualquier cosa menos neuronas haciendo su trabajo.
Una vez que el padeciente ha completado el relato de los síntomas le hago mi pregunta favorita: “¿a qué lo achaca”?
Nadie piensa en las neuronas como responsables. Sólo nos acordamos de ellas cuando se nos olvida dónde hemos dejado las llaves o el nombre del vecino. Parece que la única tarea encomendada fuera la de almacenar los datos y facilitarlos cuando los necesitamos.
Realmente la reflexión es correcta: la memoria es la función primordial de las neuronas. Son células que han demostrado una especial cualificación para construirla. Sin embargo la memoria sirve para algo más que para recordar fechas, recados y nombres. Está presente en cada uno de nuestras acciones, emociones, reflexiones y percepciones.
Vemos, oímos, nos movemos, nos emocionamos y sentimos dolor, mareo, cansancio o vértigo porque las neuronas desarrollaron la capacidad de memorizar.
La función de la memoria no es recordar sino predecir, anticipar.
La memoria del sistema inmune graba el dato de unas proteínas sospechosas y les atribuye peligrosidad. Basta que contacten con las mucosas de la frontera nasal, ocular, bronquial, para que se dispare la inflamación y los programas picor, estornudo y tos. El sistema inmune recuerda que esas proteínas son sospechosas y actúa pensando en un futuro teórico de destrucción si se les permitiera entrar.
Las proteínas sospechosas pueden pertenecer al gato o a los ácaros y no a peligrosos gérmenes. La memoria inmune ha errado en la predicción. Es una mala memoria. Recuerda muy bien pero se equivoca en la evaluación del futuro. Es una memoria alérgica.
La memoria neuronal puede ser también un desastre. Mal aconsejada por los expertos puede atribuir al chocolate, el viento Sur o los cacahuetes una peligrosidad absurda y construye una predicción alarmista que queda perfectamente memorizada. Cada vez que sale Sur o se comete el desliz del cacahuete la pésima (por absurda) memoria neuronal recuerda que tiene que activar las alarmas y lo hace.
La mala memoria está detrás de muchos dolores. Es una memoria que recuerda perfectamente una predicción errónea sobre peligrosidad.
- Tiene usted mala memoria. Por eso le duelen los “huesos” y “la cabeza”. Tendría que olvidar…
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