Migraña, una enfermedad profesional

En 2003, Randolph Evans y otros publicaron en la revista Neurology un artículo sobre prevalencia de migraña entre neurólogos, segregando también a los que se dedicaban preferentemente a los dolores de cabeza. Los resultados fueron realmente espectaculares: más del 50% de los neurólogos eran migrañosos y más del 75% padecían esa maldita condición si se dedicaban a combatirla con especial dedicación. Los autores confesaban que “no disponían de ninguna explicación para ese hecho estadístico fascinante”. Descartaron que hubieran elegido ser neurólogos y dedicarse a tratar migrañas porque las padecían. La secuencia era la contraria: padecían migrañas tras dedicarse a tratarlas.
Estos resultados debieran haber llamado la atención del colectivo de neurólogos pero no fué así. Sólo Oliver Sacks escribió un comentario para confesarse migrañoso desde su infancia y que él había decidido estudiar Neurología por la fascinación que le producían sus extraordinarios síntomas visuales del aura migrañosa.
En Marzo de este año Randolph Evans ha publicado un trabajo en Medical Clinics Of North America en el que recoge diversos aspectos sobre migraña y, en el apartado de “famosos con migraña”, cita, entre otros, a Freud, comentando que no le sorprende su migraña dado que era también neurólogo y eso le daba muchas probabilidades de contraerla. Randolph, a continuación, se confiesa también migrañoso y, consultando su página, podemos verificar que también es famoso (“superdoctor”) .
Entre nosotros, David Ezpeleta, cualificado neurólogo con especial dedicación al dolor de cabeza, en un entretenido libro sobre diversas anécdotas curiosas sobre migraña, se confiesa también migrañoso (de fin de semana) y cita el trabajo de Randolph. Para David la abultada cifra puede explicarse porque los neurólogos consultados probablemente tenían dolores “tensionales” y los declaraban fraudulentamente como migrañosos.
Para los neurólogos la migraña es una enfermedad cerebral de origen genético. Las crisis surgen porque el cerebro es, de fábrica, hiperexcitable y por la presencia de los famosos desencadenantes.
En el sorprendente caso de los neurólogos migrañosos cabe preguntarse si la genética migrañosa contiene una pulsión escondida hacia la neurología o si el hecho de ser neurólogo es un desencadenante, como el chocolate, el viento sur o el dormir poco o demasiado.
Cabe también preguntarse si la migraña es contagiosa. Si así fuera, los pacientes contagiarían al neurólogo. Cuantos más pacientes vistos, más riesgo (tal como parece sugerir el trabajo).
Las cifras, en todo caso, sugieren que la migraña es una enfermedad profesional y, caso de ser así, tenemos gato encerrado, algo que se nos escapa y que no parece preocupar a nadie.
La otra alternativa es despreciar-ignorar los datos por resultar perturbadores. Eso es lo que parece haber sucedido.
A los pacientes migrañosos no parece preocuparles que les atienda un neurólogo migrañoso, sino todo lo contrario. Aunque los tratamientos aplicados sean iguales, están más reconfortados y satisfechos cuando les ha visitado un neurólogo tocado por la migraña.
Cuando comento esta singular circunstancia estadística en la consulta les animo a que le busquen una explicación.
Si es usted visitante de este blog, le supongo ya con la respuesta a punto.
… ¿la solución?… se admiten sugerencias…
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