Arturo Goicoechea

¡Qué País!

Arturo Goicoechea · · Actualizado:

Una paciente me trajo ayer a la consulta el suplemento de salud de El País (12-9-9) y el País semanal de la misma fecha. Contenían dos entrevistas sobre dolor que no me resisto a comentar.

En el País de los tópicos

En la página de salud se recoge una conversación con Jesús Castillo Obeso, neurólogo coordinador del grupo de neurología de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria. Los tópicos sobre dolor de cabeza no se toman ningún respiro: el dolor de cabeza “normal” que todo el mundo ha tenido tras fatiga, nervios, trabajo… y que se quita fácilmente con un analgésico (invitación a la fármacoafición). La tensión muscular como explicación… (el bótox como posible solución si se enreda el problema)…

Frente a la normalidad y resolución simple del dolor tensional aparece el más complicado de la migraña. Por si alguien albergara falsas esperanzas se afirma tajantemente que la migraña “no se cura”… pero que los neurólogos pueden ayudar a aliviarla y controlarla. Cita la elevada incidencia en la población y el ensañamiento con las mujeres pero silencia (quizás porque lo ignore) la especial tasa de migraña en los neurólogos que se dedican a tratarla (“un hecho estadístico fascinante para el que no tenemos explicación…”)

Se da por sentado que la migraña está provocada habitualmente por “problemas vasculares” (doctrina desacreditada actualmente), que en el 60% de los casos hay “un componente hereditario”, que se debe utilizar precozmente un triptan para garantizar un buen efecto, que no se abuse de la automedicación, que no se modifiquen las costumbres en el fin de semana… (?)…que los cambios de presión atmosférica pueden desencadenar crisis… (¿cómo?)…

Los tópicos políticamente correctos están convenientemente blindados frente a cualquier referencia a la participación cerebral en el desaguisado migrañoso. La neurofisiología del dolor, al parecer, no es aplicable al dolor de cabeza, que, goza de un status especial, no demostrado, debidamente adaptado a la justificación de las terapias que cada cual ofrece (vasoconstrictores, botox, antidepresivos, agujas, productos homeopáticos, relajaciones, aromaterapia, prótesis de descarga dental, intervenciones, estimuladores magnéticos, diademas…)

En el País de las Neuromaravillas

(Entrevista a Carlos Belmonte. Director del Instituto de Neurociencias de Alicante)

El titular de la entrevista sobrecoge: “Leeremos y manipularemos el cerebro como queramos…”.

Afortunadamente parece que las intenciones serán buenas: todo será para conseguir anular cualquier atisbo de sufrimiento y desánimo.

El profesor Belmonte precisa que el futuro ya ha llegado y está entre nosotros aunque, incomprensiblemente, no lo veamos y utilicemos: “El 95% del dolor es controlable”. El que haya gente dolorida es debido a resistencias culturales concretadas en una absurda reticencia a utilizar la morfina a demanda.

La dedicación del investigador a los receptores de membrana que transforman (transducen) diversas energías en señales eléctricas hace que cometa el error periferalista de situar el origen del dolor en la periferia y ofrecer la solución de interrumpir su viaje hasta el cerebro.

Su optimismo desbordante libera, sin pestañear, la afirmación de que hoy podemos administrar a un deprimido un bloqueante de la recaptación de serotonina (Prozac, por ejemplo) y, al día siguente (sic), estará como una rosa…

El investigador no oculta que existirán algunos problemas. Por ejemplo ¿podremos tener a todo el mundo contento? Eso puede causar problemas con el sistema de recompensa que se desensibilizará y creará una plácida atmósfera de indolencia y eso no puede ser, claro…

Podremos modificar la toma de decisión, el temperamento… La manipulación no tendrá más límites que aquellos que se deriven de unas comprensibles cautelas éticas.

No tengo dudas de que el cerebro es manipulable. Nuestra genética lo ha seleccionado así y la historia lo confirma. Homo sapiens (ma non troppo) está siendo manipulado desde el momento de su nacimiento… por la información con sus dosis necesarias de alarmismo presente y triunfalismo futuro.

Podemos alisar la piel y siliconear los pechos. La superficie cutánea está a nuestro alcance. De ahí a alisar las circunvoluciones cerebrales y rellenar los vacíos de los surcos no hay mas que un insignificante paso para la Ciencia. No en vano el Sistema Nervioso comparte con la piel el mismo origen embrionario.

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