Información

La supervivencia exige información, proporcional a la incertidumbre que generan nuestros hábitos y entornos.
Desde que Homo sapiens, una vez maduro, se cayó del árbol, tuvo que espabilar para encontrar comida y no ser comido. Esa nueva condición nos hizo cerebro y culoinquietos, buscadores obligados de nuevos horizontes, gregarios, chismosos y destripadores. Todo por obtener y compartir información. Eso nos ha traído a donde estamos.
Sapiens se ha instalado en la abundancia, el exceso, la cultura de la prevención extrema, el garantismo total.
El pre-sentimiento nos pre-ocupa. Lo posible nos mueve aunque sea improbable.
Los sentidos no están preparados para detectar todos esos agentes y estados amenazantes sobre los que nos previenen nuestros tutores. Conocemos el futuro posible pero no su probabilidad real. Los tantos por ciento se nos dan fatal y sobredimensionamos la amenaza.
La expectativa ha desplazado al estímulo. Respondemos anticipadamente ante una posible realidad.
Los síntomas ya no desvelan lo que sucede sino lo que se teme.
La marea informativa no parece encontrar la medida justa, Los tutores no acaban de saciar su furor preventivo.
Sapiens se encuentra fatal, cansado, desanimado y dolorido.
Los tutores lo achacan al estrés, las hormonas, las antenas de móviles, las conjunciones astrales o los ácidos grasos insaturados y recomiendan más información.
Puede que haya llegado el momento de empezar a hacer dieta informativa, seguir un régimen, para volver a encontrarse bien, en forma.
El problema es a quién le pedimos consejo para esa dieta.
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