El huevo y la gallina

El canal YO proyecta en el misterioso espacio de la conciencia sus programas, con percepción tridimensional y polimodal de la realidad que tenemos delante de nuestras narices. Vemos, oímos, olemos, palpamos y degustamos el mundo y nos sentimos navegando por su espacio-tiempo.
Los rollos del rodaje se someten a un continuo proceso de montaje en el que se integra el material del pasado, el actual y el imaginado. Es la película de nuestra vida, una película en la que es imposible separar con claridad lo vivido de lo soñado, lo pasado de lo por venir.
El cine no tiene sentido sin el espectador.
Ahí aparece usted: lo YO, el espectador. Su misión es la de asistir a la proyección y asentir, disentir, emocionarse, moverse por la sala, sorprenderse, atender, desatender. La película recoge escrupulosamente esos continuos apuntes suyos y, de forma sutil, se producen microajustes que contribuyen a que el espectador en realidad sea también guionista, productor, director y actor.
A la función espectador-director le han puesto nombres: alma, espíritu, mente… Cada uno es libre de llamar a sus criaturas como prefiera.
El proceso es, muy en el fondo, como una reacción química en la que los reactivos, en presencia de energía, dan lugar a un producto. Este producto, una vez formado, se incorpora a la reacción transformado en un reactivo. La reacción tiene una flecha en las dos direcciones.
A Homo sapiens (ma non troppo) le ha dado muchos quebraderos de cabeza el problema del espectador-guionista-actor-director-productor-realizador-crítico de cine.
Descartes zanjó la cuestión (para sí mismo) afirmando que todo era cosa de dos protagonistas o “sustancias”: rex cogitans (materia) y rex extensa (pensamiento) aunque no dejó claro qué fué primero si lo extenso o lo cogitante y cuál de ellos cortaba el bacalao.
Nos gusta organizar la realidad en dos grupos: arriba y abajo, antes y después… reactivos y producto. Descartes era, en definitiva, un ser humano, un dualista. La reacción química puede tener varios reactivos pero el producto es el producto y una vez que es producto ya no hay vuelta atrás. Sólo vemos una flecha en una dirección. Así nos gusta verlo.
Para unos los reactivos cerebrales producen mente y para otros es la mente la que produce cerebros (reactivos). Las cosas funcionan de abajo arriba o de arriba abajo.
Los neurólogos dan por sentado que el mundo de las neuronas se produce de abajo arriba, de la periferia al centro (todos los caminos van a Roma): estímulos-flechita-cerebro-flechita-respuesta. Percepción-flechita-reflexión-flechita-decisión-flechita-acción. Causas y efectos.
Los estudiosos de la red neuronal opinan que percepción, cognición y acción son lo mismo. Los neurólogos no quieren saber nada de eso. Organizan las cosas a su medida. Son científicos: de abajo arriba, de las partes al todo. Una dirección. Nada de filosofías.
A lo dicho, el huevo es huevo y la gallina, gallina (ponedora, por supuesto): gallina o huevo… aunque quizás sería más correcto: gallina y/o huevo.
– No tiene usted nada. Es todo normal
– A mí me duele. ¿Qué quiere decir… que me lo monto YO? No me venga con películas.
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