Y sin embargo me duele

El padeciente sano recibe el veredicto del TAC (Tribunal de Asuntos Corporales) de “está todo bien, no tiene nada” con espíritu variable. Nada ni nadie puede eliminar su convicción de sufrimiento. Como Galileo ante el Tribunal de la Inquisición, acepta a regañadientes la resolución pero no puede contener el lógico farfulleo del “y sin embargo… me duele”.
Padecer estando sano (worried well) es una pesada carga por muchos motivos. El más importante es que el padecimiento es real. El padeciente sano es un sujeto objetivamente sufriente.
Someter a un tribunal la cuestión de la realidad de lo percibido es absurdo. Nadie tiene jurisdicción para certificar lo que sentimos:
“Hemos decidido que usted no puede sentir hambre, miedo, frío, cansancio o aburrimiento. Podemos asegurarlo porque está bien nutrido, no hay peligro, la temperatura es de 24 grados, no ha hecho ningún esfuerzo y su vida es objetivamente maravillosa”.
Salud y bienestar no son interdeducibles. Pertenecen a categorías distintas.
” En el TAC se ve una imagen como si fuera un tumor pero como se encuentra usted bien seguramente es falsa”
La resolución del TAC (Tribunal de Asuntos Corporales) debiera utilizar el condicional:
“Si usted está sano, debería encontrarse bien”
Se abre así el camino a la reclamación del derecho a sentirse bien estando sano.
No es fácil conseguir que los padecientes con certificado de salud acepten la sugerencia de reclamarse a sí mismos el encontrarse bien. Algunos prefieren reclamar el derecho a la enfermedad. Es comprensible pero peligroso. Cierra el camino a la resolución del sufrimiento.
” Yo algo tengo que tener…”
Probablemente alguien acabe facilitándole un diagnóstico, la enfermedad más común en nuestros días, tal como sugirió el desabrido ensayista Karl Krauss
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