Sentido y propósito del síntoma

Según la Real Academia Española un síntoma es un “fenómeno revelador de una enfermedad”. Según esto si aparece un síntoma es que hay algún disturbio en el organismo. Cuando damos con él el síntoma ha cumplido con su función avisadora.
Un punto de picor en el antebrazo revela la presencia de un mosquito, el dolor punzante en un dedo advierte que la rosa tiene espinas y el mal olor certifica que el pescado no está fresco.
Cuando alertados por el síntoma no encontramos ninguna anomalía externa o interna tenemos un dilema que habremos de resolver:
– No me encuentran nada pero me encuentro fatal. Los médicos no dan con ello. Algo tengo. No es normal tanto dolor.
El síntoma certifica para el padeciente que algo no funciona debidamente y si no aparece es por incompetencia o impotencia del médico o la Medicina. El vacío diagnóstico es un síntoma de las insuficiencias del profesional.
– Señora, todas las pruebas son normales. No tiene usted nada. Serán los nervios. Le receto unos antidepresivos.
El médico, ante la normalidad de una generosa batería de pruebas, concluye que las quejas de la paciente revelan una flojera de espíritu. Los síntomas, aun de apariencia física, indicaban engañosamente un disturbio somático pero la normalidad de los exámenes desenmascara el verdadero origen psicológico. El síntoma ha escrito como, al parecer, acostumbran a hacerlo algunos dioses: derecho con renglones torcidos… El cerebro ha presentado un disturbio psíquico como algo físico.
– Señora, es todo normal. Tiene usted una migraña. Es una enfermedad cerebral de origen genético. No coma chocolate, controle el estrés y tan pronto como note los primeros síntomas métase en un cuarto oscuro, pida silencio, póngase un paño frío en la cabeza y tómese estos calmantes.
El síntoma ha permitido desvelar gracias al conocimiento del médico la existencia de un disturbio genético para el que ya se disponía de un nombre desde hace unos miles de años. La etiqueta “migraña” parece que elimina cualquier incertidumbre. El síntoma sigue cumpliendo con su propósito revelador.
Los síntomas no siempre permiten, a pesar de la experiencia profesional, desvelar por sí solos el origen del mal. En estos casos el experto echa mano de los signos: señales objetivas que complementan el lenguaje del síntoma:
– Tiene usted más de 11 puntos dolorosos en sus músculos. Tiene fibromialgia
La comunidad de expertos fija un criterio consensuado para convertir un problema confuso en una entidad objetiva diáfana, con un nombre, como es obligado.
Cuando los síntomas no acaban de revelar su origen hay, como vemos, opiniones y resoluciones para todos los gustos. Cada profesional y cada paciente saca sus propies conclusiones y toma los caminos que considera convenientes. Aquél que alivie el síntoma es el que marca la dirección correcta.
– Estuve con el curandero. Me dijo que tenía un tendón montado. Me lo recolocó en su sitio y desde entonces estoy divinamente.
Los llamados alternativos encuentran su razón de ser viendo con sentidos especiales aquello que los profesionales tradicionales no alcanzan a ver. El síntoma, por fin, puede descansar tras cumplir con su misión reveladora.
…
Los síntomas son la voz del organismo, percepciones que comunican al individuo una evaluación de alarma. Los seres vivos existen, sobreviven, porque pueden anticipar el comportamiento de la realidad. Unos más que otros…
Homo sapiens (ma non troppo) se pasa de listo y abusa de su capacidad predictiva. Le basta echar un vistazo a las estrellas para hacer deducciones inimaginables sobre cómo nos va a ir en la salud, los negocios o sentimientos. Otras veces conjuga la visión de los astros con la del iris y descubre disturbios hepáticos o circulatorios insospechados.
Hay un modo sencillo de encarar el problema del sentido y propósito ocultos de los síntomas: a veces, el cerebro se equivoca y nos puede volver locos dándole al botón de las alertas porque ha evaluado errónea y absurdamente peligro de disturbio.
– No tiene nada señora. Es su cerebro. Teme que pueda suceder algo. Se dedica a calcular probabilidades y cuando le da un pálpito necesita que usted colabore. Le proyecta en la pantalla de la conciencia una sensación desagradable, lo que llamamos un síntoma, con el propósito de que adapte su conducta a sus presentimientos.
– ?Y qué puedo hacer?
– ¡Mande al carajo al síntoma y a su cerebro y siga confiada con lo que estaba haciendo o iba a hacer!
– Y eso ¿cómo se hace…?
– ¿No ha hecho nunca un corte de mangas? Pues eso…
– Sí, pero a quién?
– Eso usted verá…
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