Pedagogía y/o psicoterapia

Los padecientes que acuden a la consulta con la idea de recibir explicaciones y soluciones, ambas de un determinado tipo, se sorprenden de lo que allí escuchan y reaccionan de diversas maneras.
Basicamente se les dice que su dolor no procede de un tejido lesionado o vulnerable sino de una evaluación errónea alarmista de su cerebro, inducida por una cultura patológicamente catastrofista y equivocada que facilita explicaciones y recomendaciones de las que uno debe librarse y emprender el camino en dirección contraria. La receta es sencilla: piense y haga justamente lo contrario de lo que le han indicado: en vez de al Norte vaya al Sur.
– Olvídese que esto es una consulta, que usted es una padeciente y yo un médico. Realmente es una clase. Usted es alumna y yo el profe.
Como en todo buen proceso educativo el alumno también enseña y el profe aprende. Una vez expuesto el marco teórico de sus síntomas se entregan unos apuntes sobre cerebro y dolor y se cita en un plazo razonable para que lo piensen, lean y decidan.
En la segunda consulta se hace la historia de los síntomas haciendo hincapié en los significados que se van acoplando sobre su origen y neutralización. Para entonces ya nos podemos hacer una idea de la disponibilidad de la alumna. En no pocas ocasiones la exposición del marco modifica ya los síntomas y el consumo de fármacos.
En las siguientes sesiones se repasan conceptos sobre neurofisiología de la percepción, sistema de recompensa, copia eferente, necrosis, imaginación, atención, estructura fóbica, adicción a fármacos, efecto placebo… La padeciente trae de casa mucho trabajo hecho si se ha tomado su tarea en serio.
Si ha habido episodios de dolor se repasan individualmente, poniendo el acento en los desencadenantes, el afrontamiento, la toma de fármacos, conducta de refugio etc.
El proceso es bastante rápido: dos o tres revisiones. Las cosas van bien desde el principio o… rematadamente mal y la padeciente no vuelve por el aula.
En la consulta hay habitualmente algún residente de Psiquiatría, Medicina de familia o Interna. En general dan su aprobación al procedimiento pero tienden a poner una objección: el proceso se queda cojo porque no se contemplan “factores emocionales”.
No se analiza la vida del padeciente, sus estreses y reveses. Registramos la vida del organismo, la forma en la que va construyendo sus temores e incertidumbres sobre integridad interior al calor de la información ambiental.
Entiendo que los síntomas proceden del organismo y van dirigidos al individuo consciente. Creo que el factor emocional es importante pero me interesa detectar ese estado emocional como estado de incertidumbre y relevancia somática. El cerebro propone o impone, según los casos, y el individuo generalmente acepta las propuestas pues está criado en el mismo barrio cultural y con los mismos colegas que su cerebro.
El parlamento neuronal en el tema de los “síntomas sin explicación médica” es monocolor. No hay oposición. El individuo está indefenso: no puede interpretar, predecir ni controlar. Las cosas están como están, no hay salida y hay que aceptar el lamentable estado corporal y apechugar con dignidad.
– Me parece bien el planteamiento. ¿Qué podemos hacer ahora para dar un golpe de estado?
– Si me lo pregunta a mí… mal asunto. Yo le acompaño por si necesita ayuda pero tiene que ir usted por delante…
– Pensaba que habría alguna terapia. Usted es como un psicólogo ¿no?
– No exactamente. No me importaría serlo. Nos vendría bien a los dos. Pretendo ser un neuronólogo, un entendido en lo que hacen las neuronas. Usted es sujeto y objeto de su trabajo. Necesita un mínimo prospecto sobre su funcionamiento para que su aportación juegue a su favor.
– Me sigue pareciendo extraño eso de ser alumna, profe, neurona… ¿No sería más sencillo ser una paciente y usted un médico… usted recetar y yo tragar…?
– Por supuesto pero eso ya ha sucedido en el pasado y mire cómo le ha ido…
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