Falsas alarmas y sesgos de confirmación
El marco doctrinal en el que se nutren y sustentan las teorías y recomendaciones prácticas de los expertos respecto a la aparición de síntomas en ausencia de enfermedad (falsas alarmas) no se corresponde con lo que actualmente sabemos sobre detección de señales y activación de respuestas en la red neuronal.
La fascinación por el poder de las moléculas mágicas que todo lo explican y remedian ha dejado de lado la tarea absolutamente necesaria de actualizar los marcos teóricos neuronales a la luz de los continuos avances sobre componentes y organización.
Los síntomas son avisos del organismo. Algo sucede y deben hacerse averiguaciones y tomar precauciones. La sirena está sonando y es mandatorio averiguar por qué. No basta con ponerse tapones en los oídos, hacer como si no sonara o resignarse a que va seguir sonando de por vida hagamos lo que hagamos (indefensión).
Intuitivamente deducimos que las “neuronas del dolor” sólo saltan cuando algo nocivo las sobresalta. En ausencia de peligro estarían a cero de actividad. Existirían, por tanto, dos estados: no sucede nada (cero) y algo nocivo sucede (uno). La frontera entre el cero y el uno estaría definida por el umbral, un límite que no debe sobrepasarse. Si se sobrepasa, salta la alarma.
¿Qué sucede cuando el estímulo es inofensivo pero hace saltar la alarma?
Las propuestas de los expertos son:
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Un robo previo ha dejado el sistema sensible y ya no vuelve a su estado basal. La oficina del banco atracado hace varios años ya no es operativa porque el sistema de seguridad sigue en el estado: “están atracándonos” e impide las tareas habituales de una oficina en estado: “todo en orden”. Ha habido que cerrarla. La culpa es de la oficina (dolor neuropático)
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Los clientes ya no se atreven a entrar en la oficina antaño atracada por lo que ha habido que cerrarla. La culpa es del usuario (dolor somatoforme… psicológico, para entendernos…)
Aunque parezca increíble no se contempla una tercera posibilidad:
- Se han restablecido las garantías de seguridad tras el atraco y analizado los fallos del sistema. Se pueden reanudar las tareas habituales de la oficina con menor riesgo de un nuevo atraco.
La cultura ceba los sistemas de alarma, los sensibiliza. Eso hace que salten por miedo al daño necrótico (el atraco).
No habría problema si cada episodio de falsa alarma fuera contabilizado debidamente como tal. El sistema iría habituándose hasta conseguir un nivel de disparo (criterio) razonable.
El problema surge si cada falsa alarma es contabilizada como una confirmación de los temores. El error no se contabiliza como tal sino como acierto (sesgo de confirmación).
El famoso umbral no tiene una posición fija que separa la normalidad de lo amenazante. Oscila constantemente en función de expectativas y creencias. Eso hace que salten falsas alarmas.
Hay otra cuestión: los ladrones (señal) no aparecen en horas de oficina perfectamente diferenciados de los ciudadanos normales (ruido), con antifaz y pistola en mano preguntando al vigilante por la ubicación del dinero. “Buenas, soy el ladrón. Sería usted tan amable… ”
La red neuronal es un gallinero. El parloteo continuo, la algarabía, es la norma, aunque no suceda nada aparentemente trascendente. Sobre ese bullicio (ruido) resalta de cuando en cuando algo novedoso o relevante (saliencia). Las neuronas vuelven la cabeza hacia ello (señal) y le prestan más o menos atención aplicando determinadas evaluaciones (criterio).
No hace falta que suceda nada especial. Basta con que sea martes y trece, haya gente con amarillos, se haya derramado sal o se cruce un gato negro. Es la falsa señal. Saltan las alertas y comienzan los errores, el círculo vicioso, la pescadilla que se muerde la cola y engorda.
– Sistemas de seguridad, sensibilización, alarmismo, señales, ruidos, criterios, sesgos, habituación, condicionamientos, enculturación, retroalimentación positiva, falsas alarmas, resonancia… ¿de qué me está hablando? YO he venido porque me duele. Déme algo que me lo calme y déjese de pamplinas…
– ¿ No le interesa mejorar el criterio del sistema…? Si no hacemos nada seguirán saltando las alarmas… le puedo dar información.
– Las palabras no me sirven. Necesito una solución…
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