Me lo creo... a medias

Ayer vi en la consulta a una paciente con síntomas compatibles con fibromialgia. Le atiendo desde hace unos tres meses y no hemos logrado ninguna mejoría en su padecimiento. El objetivo es conseguir la convicción de que habita un organismo razonablemente sano pero gestionado (vigilado y protegido) por un cerebro equivocado, convencido de que existe una vulnerabilidad en aparato locomotor y que el movimiento debe ser desautorizado y penalizado.
Analizamos los motivos de la falta de respuesta:
– ¿Cree lo que le cuento sobre dolor y cerebro?
– No es fácil.
– ¿Qué porcentaje de convicción tiene sobre las ideas que trato de exponer?
– Lo creo a medias…un 50%
Las creencias al 50% son improductivas. Corresponden a estados de ambigüedad en los que el cerebro oscila alternando dos propuestas simétricas. Hay muchas imágenes ambiguas. Una de las más conocidas es la de señorita-anciana. Cuando se mira podríamos también comentar que creemos “a medias” que se trata de una señorita o una anciana. Si tuviéramos que tomar una decisión no sabríamos cómo actuar y probablemente nos quedaríamos estáticos, estacionarios, oscilando en torno al mismo punto.
Insistí para conseguir ese tanto por ciento adicional que necesitamos para romper la ambigüedad, para que sólo veamos señorita o anciana. Todo hacía pensar que los esfuerzos iban a ser inútiles…
– ¿Cree en el efecto placebo?
– A medias
– ¿Cree que un tratamiento engañoso, una cápsula vacía, un operación simulada…podrían quitar el dolor? Hay pacientes de fibromialgia que se operan (no se sabe bien de qué) y mejoran…
– Eso he oído. Si supiera que me iba a curar yo también me operaría.
– ¿Cree o no en el placebo? Sólo una respuesta, por favor…
– Pues… no, no creo.
Los pacientes con dolor crónico toman fármacos, reciben acupuntura, preparados homeopáticos, están dispuestos a que les operen… Creen en una posible eficacia de las terapias pero puede que se trate de una creencia a medias, en una creencia con reservas, repartida en diversos porcentajes en un amplio abanico de ofertas. Son pacientes que han probado de todo sin resultados convincentes. También prueban con este enfoque cognitivo de cambio de ideas, por si acaso.
– Si no cree en el efecto placebo es poco probable que yo pueda ayudarle.
– Algo sí que creo. Si no no estaría aquí…
El enfoque cognitivo exige el efecto ¡ahá! la convicción rotunda de que detrás del sufrimiento hay un cerebro equivocado. Una ex-paciente de fibromialgia comentaba sobre su mejoría que el discurso le “atrapó”, le “fascinó”. Vió claro que tenía un cerebro equivocado y se puso las pilas.
– Lo entiendo, le veo una lógica pero no acabo de creerlo…
La figura de la señorita-anciana debe perder ambigüedad y decantarse hacia una u otra. Los credos, como los fármacos, tienen incompatibilidades. En el tema del dolor no podemos poner una vela a Dios y otra al diablo… (para gustos lo que entendemos como Dios o como Diablo…)
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