Ironías del cerebro

Hay veces que necesitamos angustiadamente conseguir un objetivo, concentrar el esfuerzo y la atención en una tarea. Nos hacemos el propósito, nos concentramos y tratamos de evitar todo aquello que nos perturbe y distraiga dando al traste con nuestra intención.
Necesito dormir, necesito acordarme u olvidarme de esto o lo otro, voy a guardar este secreto, no voy a pensar que me va a doler…
La mujer de Lot y Eurídice recibieron la recomendación de no volver la cabeza hacia el fuego del que huían y no pudieron evitar hacerlo.
Irónicamente cuanto más empeño ponemos en conseguir un propósito, cuanto más nos urge la necesidad o nos apremia el tiempo, más probabilidad hay de que nos salga el tiro por la culata.
El Psicólogo de Harvard Dan Wegner describió la Teoría irónica de la supresión de pensamientos mostrando experimentalmente que se producía el efecto contrario al solicitado. Basta prohibirnos algo que pueda interferir la tarea para que, irónicamente, el cerebro nos lo muestre con insistencia.
Algunos pacientes comprenden y aceptan los conceptos sobre generación cerebral de los síntomas. Con las nuevas ideas en la cabeza se proponen librar la batalla contra la intrusión de pensamientos que puedan reactivar el síntoma. Obsesivamente se recuerdan: no voy a pensar que me va a doler…voy a pensar que no tengo nada… Sin embargo el cerebro responde en la dirección contraria: nos presenta en la conciencia aquello que le hemos pedido ignorar:
– No quiero que me hables de dolores…
– Te recuerdo que me has dicho que te recuerde que no te acuerdes del dolor…
– ¡Déjame en paz!. Te he dicho que no me recuerdes que me duele…
– Tal como me has ordenado te recuerdo que me has dicho que no te distraiga recordándote que te duele… así que concéntrate en lo que estás haciendo.
– No hay manera de conseguirlo si no me dejas de recordar que no me acuerde del dolor…
No está claro entre los psicólogos qué debemos hacer en estos casos. A veces parece que debemos desviar la atención del dolor y otras, al contrario, que debemos centrar nuestra atención en él para disolverlo.
Parece que lo que no es recomendable es: negar los síntomas (la realidad), ocultar los problemas y tensar excesivamente la autoprohibición.
Lo que está claro es que el cerebro no funciona con un mando a distancia y que los procesos de solicitarle prestaciones o estados deben seguir unas reglas y condiciones que debemos explorar.
Si queremos dormir debemos quitar hierro al insommio. Si queremos que no nos duela debemos eliminar la relevancia del dolor… pero para eso antes tenemos que eliminar la incertidumbre sobre supuestas alteraciones somáticas. Debemos convencernos que estamos sanos.
En cualquier caso, parece que es aplicable la recomendación de “Prohibido prohibir… pensar”
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