¡Ahá!
Hay cuestiones que se nos resisten. Disponemos de datos, explicaciones, ejemplos… pero no acabamos de verles el rostro con claridad. Las presentimos, casi estamos a punto de sorprenderlas… hasta que un buen día aparecen de cuerpo presente, casi materializadas. A partir de ese momento forman parte de nosotros, no necesitamos invocarlas ni solicitarlas.
El momento en que eso sucede se acompaña de una vivencia especial, inconfundible. Es el momento ¡Ahá! ¡Ya lo tengo! ¡Ahora lo he entendido! Es como una cerradura que no acaba de obedecer a la llave hasta que tras varios intentos descubrimos que estábamos girando en la dirección incorrecta o que precisaba de un sutil tironcito hacia nosotros de la puerta. La maniobra queda automatizada con unos pocos intentos y ya podemos abrir la puerta cuando queramos.
El cambio de convicciones sobre dolor necesita el momento ¡ahá! Hasta que aparece puede que lo que nos cuentan sobre cerebro resulte complicado, inaccesible, poco práctico: nociceptores dormidos, copia eferente, colecistoquinina, necrosis, apoptosis, antinflamación, neuronas espejo… Nunca podremos automatizar ese nuevo conocimiento. No va a funcionar.
En la consulta reviso esos conceptos para ver si se ha producido el efecto ¡ahá!
– Vamos a ver…¿copia eferente?
– Me suena… pero en este momento no recuerdo. Leí los folios hace ya unos días…
– ¿No recuerda el ejemplo?
– Pues no
– El de que se queda a dormir en casa de unos amigos y le tranquilizan diciendo que es un barrio tranquilo y que no se preocupe si al día siguiente oye ruidos en la puerta pues es la señora de la limpieza que vendrá a las ocho y tiene llave y es muy buena gente…
– ¡Ah sí! Ahora me acuerdo
…
Las metáforas, los ejemplos, se comprenden fácilmente. Curiosamente nos cuesta trasladar esa claridad de la idea del ejemplo a otros escenarios. Necesitamos haber visto, oído, tocado u olfateado la realidad para tener una representación activa de ella. Representar mentalmente la actividad neuronal resulta complicado a pesar de que sus tareas y objetivos sean fácilmente comprensibles con la ayuda de los ejemplos.
La estructura de la migraña es la misma que la de una reacción alérgica. Sin embargo todo el mundo entiende la alergia pero a muchos se les resiste la migraña. Ambos procesos son la consecuencia de un error de valoración de peligro.
La estructura de una fobia es similar a la de la alergia y la migraña. Comprendemos la fobia a los aviones y las arañas pero dudamos que el sistema inmune y el cerebro tengan un miedo fóbico a los ácaros o al chocolate.
La utilización angustiada de terapias comparte la estructura adictiva del hábito de fumar o comer (más allá de lo razonable) pero no lo vemos así y utilizamos calmantes como si se tratara de una acción benéfica para el organismo.
Cuando éramos niños y creíamos en Reyes Magos y cigüeñas tuvimos el momento ¡ahá! cuando entendimos “lo de los padres”. Desde ese momento podíamos entender la realidad desde ese nuevo punto de interpretación
– ¿Qué es “lo de los padres”, chaval ?
– Me suena pero ya no me acuerdo…
– Que eran los padres los que traían los juguetes y que lo de los Reyes era falso…que las cigüeñas no tienen nada que ver con que haya venido el hermanito… lo de la semillita…
– Ah sí. Ya me acuerdo…
…
No tiene sentido el quedarse con un confuso eco de las cosas. Debemos hacernos con la comprensión clara y eficaz de la realidad: si lanzo una piedra hacia arriba y no me aparto rápido… me golpeará en la cabeza. El mundo externo y el interno tienen leyes, explicaciones, causas… No existen los Reyes Magos ni las cigüeñas…
– No tienes nada. No has hecho nada malo. La cabeza es normal. Es tu cerebro que tiene un miedo fóbico a que suceda algo terrible y necesita calmarse con fármacos, agujas, hierbas, silencios, refugios y meditaciones. ¡Mándalo al carajo!
-¡Ahá! Ahora lo he entendido…
– Ya veremos…