Ensayo error
La vida exige una toma de decisiones continuada. La supervivencia y el éxito social exigen, además, que estas decisiones sean suficientemente adecuadas.
Hay situaciones que precisan decisiones rápidas, intuitivas, precipitadas. Otras se benefician de un período reflexivo, analítico. La desmesura puede darse tanto por defecto como por exceso. En ocasiones hacemos bola con los problemas y en otras nos atragantamos por excesiva precipitación.
Homo sapiens (ma non troppo) tiene que aprender mucho antes de alcanzar su diplomatura en supervivencia. Su período escolar es prolongado y está tutorizado. Hay profes que van señalando el camino recto y el torcido.
A golpe de ensayo, error y detección de error, los sapiens vamos consiguiendo una banda aceptable de desviación de nuestros objetivos. Seguiremos equivocándonos pero cada vez menos, o, al menos, detectamos antes el error.
En general aprendemos a caminar, correr, saltar, huir, atacar, explorar, detectar la intención ajena, defendernos, guarecernos, hablar, pedir ayuda, ayudar… Son funciones de aprendizaje complicado pero nos hacemos con la capacitación debida casi sin darnos cuenta, de forma natural. Ello es debido a que detectamos el error y corregimos el tiro en la dirección contraria, es decir, retroalimentamos negativamente: si la flecha se ha ido a la derecha de la diana lo reintentamos apuntando un poco a la izquierda.
El problema surge cuando estamos equivocados y no lo sabemos. Nos empecinamos en la decisión tomada y aunque las cosas no marchan creemos que es debido a que nos hemos quedado cortos en la dirección correcta o imaginamos manos negras ocultas (chivo expiatorio). En estos casos insistimos con más brío en la misma dirección (retroalimentación positiva**) o desistimos y nos dedicamos a rumiar nuestro estado de impotencia e indefensión.**
Cuando se produce un episodio de daño necrótico, el organismo activa (de forma refleja, inmediata, emocional) la respuesta inflamatoria. Se produce, en los primeros momentos, un encendido en espiral, retroalimentado positivamente. Inmediatamente se toma la medida al foco necrótico y se pone en marcha la corrección del exceso: la antiinflamación. La respuesta de reparación oscilará a partir de ese instante en un ir y venir de pequeños excesos y defectos, guiado siempre por la comprobación de lo pretendido.
Cuando el cerebro activa las alarmas erróneamente debería detectar su error y desactivarlas al instante pero no siempre puede hacerlo, no dispone de la capacidad cognitiva necesaria. Se empecina en el error, cree estar en lo cierto y aumenta el impulso en la misma dirección errónea (retroalimentación positiva) pensando que ha pecado de tibieza, o recurre a la tesis del chivo expiatorio, a la presunción de una inoperancia o represión propia y/o ajena.
Los tutores no ayudan precisamente en la detección del error: genes, huesos, articulaciones, músculos, chocolates, quesos curados, cambios hormonales y meteorológicos, viajes, exámenes, ordenadores, dietas, excesos, defectos… son señalados como responsables del encendido de las alarmas. Ni siquiera se sugiere que el sistema de seguridad está situado en una posición no justificada de sensibilización. No se señala el error en la dirección adecuada sino en la contraria. El error se autoalimenta hasta que alcanza su punto estacionario.
– Tiene usted una enfermedad misteriosa cuyo origen y resolución desconocemos. No podemos hacer nada por evitarlo. Deberá sobrellevarla con dignidad y seguir fielmente nuestras indicaciones: nada de estrés, chocolate, queso curado ni comida china. Ejercicio y reposo, los justos, poco ordenador, higiene del sueño, analgesia precoz evitando el abuso de calmantes… ¿Relajación, masajes, respiraciones, meditaciones, mantras, agujas, ensalmos, bálsamos, plegarias…? Puede intentarlo, nunca se sabe. Sobre todo, levante el ánimo, luche…
– ¿Contra qué y contra quién?
– No lo sabemos. Quizás contra usted mismo. Puede que no sea tan inocente como piensa.
– Me siento, doctor, como si fuera su chivo expiatorio…
– Se equivoca. Es usted quien me considera incapaz. Soy yo su excusa…
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