Somatizaciones, "somatismos" o..."cerebradas"

El poblado mundo de los síntomas en ausencia de explicación médica, el “worry-well” (se encuentra usted mal pero está bien), ha generado varios términos que contienen una dosis variable de indeterminación (trastornos funcionales, psicosomáticos…). “Somatización” es uno de los que ha conseguido más fortuna. Confieso que tengo una especial aversion a la palabreja.
Se sobreentiende que utilizamos el término para referirnos a estados emocionales que no son convenientemente resueltos en su ámbito y buscan una engañosa salida expresiva por la esfera física.
¿Dónde ponemos los límites de lo que es o no es una somatización? ¿Cuál es nuestra vara de medir?
En la migraña, por ejemplo, no hay ninguna causa física demostrable. ¿Es una somatización?
Probablemente pocos profesionales sostendrían la tesis afirmativa. La mayoría de los neurólogos defenderían que se trata de una enfermedad neurobiológica de origen genético y rebuscarían entre los desencadenantes (chocolate, viento sur, cacahuetes, queso curado, viajes…etc) y no en supuestos conflictos del turbulento período de la infancia.
Tampoco parece probable que se eche mano de la teoría de la somatización para explicar vértigos o síncopes.
En general se recurre al término cuando nos encontramos con una ensalada de síntomas para los que no disponemos de ninguna etiqueta precisa o cuando aun disponiendo de ese etiquetado (migraña, vértigo, síncope…) parece que el paciente no responde como debiera a nuestras terapias.
Basta rascar un poco en la vida del paciente y en su incapacidad para expresar estados emocionales en sociedad (alexitimia) para validar la utilización del término mágico:
- Es una somatización… le mando a salud mental…
No queda claro qué se quiere decir con esta conclusión. ¿El famoso “inconsciente” está reprimido y aprovecha la existencia del universo de la apariencia de enfermedad física para solicitar ayuda presentándose disfrazado de paciente? ¿Basta conseguir la consciencia de lo “inconsciente” para desactivar la falsa salida por la etiqueta de enfermedad?
En mi opinión hay que dar al Cesar (individuo) lo que es del Cesar y a Dios (cerebro) lo que es de Dios.
Los síntomas físicos son el resultado de una evaluación cerebral emocional sobre incertidumbre física. El cerebro tiene también su inconsciente. En realidad es absolutamente inconsciente. Se limita a gestionar certezas e incertidumbres, temores y deseos sobre integridad física de los ciudadanos celulares. En función de esa incertidumbre solicita con apremio variable una conducta al señor de la consciencia, al individuo.

Dibujo: Uxue Maturana
El lenguaje cerebral básico es la percepción: lo que vemos, oimos, degustamos, olemos y pensamos contiene una intencionalidad cerebral, una propuesta, una incertidumbre o una exigencia. La conciencia es siempre conciencia de algo y para algo, tal como sostenía Franz Brentano, un filósofo, psicólogo y sacerdote católico alemán que dejó de serlo porque se negaba a aceptar la infalibilidad del Papa, allá por el último cuarto del siglo XIX.
La somatización contiene la incertidumbre cerebral sobre integridad física y comunica al individuo esa preocupación a la vez que le exige una conducta acorde.
- Cerebro: Tendría que ir ya a comer…
- Individuo: Me muero de hambre. Necesito comer algo…
- Cerebro: Me preocupa la piel…Me quedaría más tranquilo si se rasca…
- Individuo: ¡Cómo me pica!
- Cerebro: Hasta que la habitación deje de dar vueltas prefiero que esté quieto en la cama…
- Individuo: Otra vez este vértigo. Voy a pedirle al de cabecera que me mande al especialista a que me miren…
…
Como ya he comentado en otras ocasiones, el cerebro tiene razones que el individuo ignora. No estoy seguro de que esas razones correspondan a conflictos emocionales de la infancia. Si es así es porque el cerebro piensa que hasta que no se resuelvan, las células corren peligro… y expresa sus temores pidiendo una conducta preventiva al individuo.
¿Somatizaciones…? No sé. Creo que, más bien, son cosas del cerebro: “cerebradas”. Quizás sería más adecuado hablar de “somatismos”… o simplemente empezar a considerar en el universo de las explicaciones de síntomas en ausencia de enfermedad la presencia inevitable del siempre vigilante y alarmista cerebro...
Mens sana in corpore sano… sí, pero también… corpus sanum in mente sana
¡Don’t worry, be happy!
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