El conmutador del dolor (neuronas ON y neuronas OFF)

El dolor es una percepción que forma parte de las respuestas defensivas frente a la destrucción violenta , consumada (daño necrótico) o inminente de los tejidos. Cuando la agresión proviene del exterior el dolor se asocia a una conducta de alejamiento. El daño interno, al contrario, promueve la quietud.
Una reacción de huída exige una motricidad eficiente. El dolor, en ese contexto, sería un obstáculo y estaría bien disponer de un procedimiento analgésico eficaz que permitiera saltar y correr, a pesar de las heridas.
El daño interno exige quietud para su reparación y estaría bien disponer de un medio de sensibilizar el dolor para obligar al individuo a respetar el reposo de la zona herida.
Estaría bien, en definitiva, que el cerebro pudiera poner y quitar el dolor a su antojo, en función de los contextos: quitarlo para huir del fuego o de un león o ponerlo mientras se suelda una fractura ósea. El cerebro debiera tener un conmutador que pusiera dolor (posición ON) y lo quitara (posición OFF).
El conmutador que permite poner y quitar el dolor existe y está localizado en un núcleo del bulbo raquídeo. En él hay un grupo de neuronas (neuronas ON) que facilitan el dolor cuando se activan: cierran el chorro de opiáceos y abren el de colecistoquinina, y otro (neuronas OFF) que hacen justamente lo contrario: silencian la colecistoquinina y abren el “suero” de los opiáceos. Hay un tercer grupo de neuronas “neutrales” que no se sabe bien qué hacen.
El conmutador cerebral se activa de forma refleja ante los sucesos de peligro. No precisa de una autorización previa del cerebro reflexivo-evaluador. Si fuera así nos comería el león mientras se debate la conveniencia de huir. En ausencia de daño necrótico consumado o inminente, el cerebro maneja preventivamente el conmutador para quitar y poner el dolor. Cuando teme que pueda producirse un perjuicio interno activará las neuronas ON para forzar la quietud y cuando crea que el peligro ha pasado volverá a activar las neuronas OFF.
Durante el sueño el cerebro activa la posición OFF, repone los opiáceos, para preservar el descanso y cuando ya nos va a despertar activa la posición contraria, la de las neuronas ON, siempre que lo considere necesario. Ello explica que a veces “nos despierte el dolor”. No es que se haya producido una variación negativa interna que ha generado dolor sino que el cerebro ha apagado las neuronas OFF y ha encendido las ON.
- ¿No me va a dar nada para el dolor, algo que, al menos, me permita moverme?
- Hable con su cerebro. Tiene un mando de poner y quitar dolor.
- O sea que, según usted, ¿basta con que le diga al dolor que se vaya para que me obedezca y se vaya?
- En absoluto. Lo que yo le he dicho es que hable con su cerebro. Convénzale de que no hay motivo para que haya activado las neuronas ON. Si le convence puede que le retire el dolor.
- ¿Me quiere decir que las palabras quitan y ponen dolor?
- No exactamente. Las palabras son vehículos de las ideas. Por sí mismas no hacen nada. Una botella de agua vacía no le quitará la sed sino todo lo contrario.
- ¿Cómo le convenzo yo a mi cerebro que no quiero que me duela?
- Expresar su disgusto por el dolor tampoco soluciona nada. Digamos que el cerebro sabe que está usted disgustado. Esa es precisamente la función del dolor: dis-gustar.
- ¿Entonces?
- Debe convencerle que no sucede nada, que es una falsa alarma, que sus huesos no se van a romper si se pone de pie, que no le bloquee las articulaciones, que no se va a pinzar ningún nervio, que no está enfermo ni desgastado, que no existe ninguna enfermedad misteriosa…
- El médico me dijo que tenía artrosis, hernias de disco, pinzamientos y fibromialgia…
- No me extraña que su cerebro le prohiba moverse…
…
A los pacientes les gustaría tener el control del conmutador del bulbo raquídeo para manejar el dolor con un mando a distancia, como al televisor. No es una buena idea. Al cerebro no le gusta que le quiten el mando y reaccionaría: si le diéramos al OFF, rápidamente anularía la orden y pondría más ON y colecistoquinina…
- Hable con su cerebro, no le queda otra solución. Convénzale que no hay motivo para tener encendida todo el día la alarma del dolor, que está usted sana…
- Yo algo tengo que tener. No es normal tanto dolor…
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